Desnudas se balancean
las afiladas palabras,
se deslizan sobre mi frágil sensatez;
amenazando con lanzarme al vacío.
Solo fuimos
marionetas,
víctimas de la indecisión,
de los puntos suspensivos repartidos en descuento
y de la mala costumbre
de llamar
amor
al miedo.
Al final
(un final muy pospuesto),
una página llena de conclusiones incómodas,
de caramelos amargos,
y quizazes.
No se puede alargar
para siempre una historia;
ha llegado la hora
de ese punto y final.