Como una estrella fugaz viniste y te fuiste pero dentro de mí dejaste un vacío que jamás pude llenar.
No te pude abrazar, ni mirarte a los ojos, ni besar... pues de mi interior te arrancaron y yo fui quién lo pidió.
Una vez maté a una estrella, me dio tanta pena que lloré y lloré hasta que la luna un día, me miró y me dijo:
_ Tranquila mi niña, yo te enseñaré.
Aprendí a perdonarme y me enseñó que el amor de las estrellas es puro y solo entiende de amor. Y un día, por fin, te sentí en paz mi estrella fugaz.
Ahora sé que por marzo todo vuelve a florecer y después de perdonar viene lo mejor, que es amar.