Esta semana por fin me tocó plantar ajos y cebollas, que llevaba posponiéndolo desde que mencioné que “ya iba preparando el bancal”. Pues el bancal, preparado, estaba. El que no estaba preparado era yo.
Empecé por la tierra. La removí con la horquilla sin darle la vuelta, que así no destrozo a mis queridas lombrices, y le eché un par de puñados de compost casero. Lo bueno de mi compost es que huele a bosque. Lo malo es que a veces aparece alguna pegatina de fruta que se me coló sin que me diera cuenta. Las fui sacando una a una, como quien busca espinas.
Con los ajos tiré de los que guardé de la cosecha anterior. Separé los dientes más gordos y sanos (los chiquitines se los quedé para cocinar, que algo tenía que ganar yo) y los planté con la punta hacia arriba, a unos tres o cuatro centímetros de profundidad y separados unos diez. Esto de la punta hacia arriba parece una tontería, pero el primer año planté unos cuantos al revés y tardaron una eternidad en asomar, con cara de no entender nada. Lo dejé en tres hileras, con un poco de espacio entre ellas para poder pasar a escardar sin pisarlo todo.
Imagen creada por IA
Para las cebollas no me complico: compro plantel pequeño en el vivero del pueblo, que me ahorra meses de semillero y de paciencia. Las enterré lo justo para que se aguantaran de pie, más o menos a doce centímetros unas de otras. Un truco que me enseñó un vecino mayor es recortar un poquito las puntas de las hojas y las raíces antes de plantar. No sé si es ciencia o superstición, pero a mí me funciona.
Después, un riego suave, de esos que no arrastran la tierra, y una capa fina de paja por encima para que no se seque ni crezcan malas hierbas. Con el clima de aquí, que en octubre todavía tiene sus días de calor, la paja es un salvavidas.
Y ya está. Ahora toca lo más difícil de la horticultura: esperar sin tocar. Me cuesta horrores no ir a mirar cada mañana si ha pasado algo. Spoiler: no ha pasado nada.
Si dentro de unas semanas veis fotos mías celebrando un brote verde como si fuera un gol, ya sabéis por qué.
¿Cómo lo hacéis vosotros? ¿Alguien planta los ajos con luna o es leyenda?
Un abrazo,
Javier 🧄