Preámbulo
Hoy encontré de manera fortuita objetos que no recordaba distribuidos sin un orden aparente por mi casa, estos se llamaban entre ellos, al menos así lo sentí yo. Decidí hacer varias composiciones sobre el escaner, solo dos fueron necesarias para comenzar un autointerrogatorio sobre por qué no tenía recuerdos concretos sobre la condición de cada uno de estos elementos.
Deterioro y olvido
Acceso negado ©Silvio Loreto
No sé cómo se sintió la guacamaya cuando perdió su pluma minúscula en la Universidad Central de Venezuela ¿Le habrá dolido o tal vez la pérdida fue insignificante? Ni idea, no tengo plumas ni tampoco he volado.
No sé cómo se sintió el árbol cuando sus hojas se secaron y precisamente se resbaló esta que les muestro de sus manos debilitadas ¿Le habrá dolido o tal vez la pérdida fue insignificante? Ni idea, no tengo ramas ni sé lo que es quedarse inmóvil.
No sé qué sintió mi boca cuando unas manos extrajeron mis tres cordales del hueso, una de ellas fue picada por la mitad ¿Le habrá dolido o tal vez la pérdida fue insignificante? Ni idea, yo no estaba totalmente consciente ni he preguntado mucho al respecto.
No sé qué sintió la concha de mar cuando fue separada de sus compañeras para que una mano grosera escribiera un "Te amo" en su espalda ¿Le habrá dolido o tal vez la pérdida fue insignificante? Ni idea, yo no vivo en el mar ni tampoco recuerdo cuándo me dieron el regalo.
No sé qué sintió el filo de la hoja del exacto cuando comenzó a oxidarse, a tal punto en el que la punta está deteriorada casi en su totalidad ¿Le habrá dolido o tal vez la pérdida fue insignificante? Ni idea, yo no le doy uso desde hace años ni tampoco lo mojé la última vez que lo hice.
La foto tipo carnet no tiene ningún deterioro, pero ese rostro ya no es el mío, los ojos de hoy han visto más cosas, están más cansados; la boca se ha abierto a nuevas experiencias, ya no calla tanto; el cabello ha crecido y ha sido cortado una y otra vez por las manos de más de tres personas. Mi cuerpo tiembla frente al escaner, el movimiento del brazo queda registrado, cada parte del mismo pertenece a un tiempo distinto, a diferencia de la fotografía.
El tiempo pasa y nos estamos deteriorando. Dentro de unos años no tendré memoria. Adiós al recuerdo de las plumas, de las hojas, de los cortes, de las fotos, de los dientes, de los te amo. Mi mano, que se mantiene y se mantendrá levantada finalmente caerá, el filo de las Moiras hará de las suyas, cortará mi hilo de nacimiento; cortará a los seres queridos que me rodean, lastimando sus vidas; cortará sin permiso, no lo necesita.
Como esto será así -y ya ha comenzado a ser- no queda otra opción que vivir y sentirme orgulloso de lo que he vivido, tanto de lo que recuerdo como de lo que no. Lo que somos hoy es el testimonio de que algo pasó, independientemente de lo que fuese, soltaré la navaja algún día, pero no hoy, tampoco mañana. Todavía estoy del lado de los vivos, aunque estoy comenzando a olvidar.
El final de un camino ©Silvio Loreto