Mi trabajo actual, se trata de integrar a niños con dificultades en el aprendizaje, socialización, comunicación, entre otros, en un salón de clases con otros tantos niños.
Durante esta cuarentena el trabajo ha disminuido bastante, sin embargo siempre estoy en contacto con los papas de los niños, para saber cómo les va, tratamos de hacernos videos llamadas continuamente y así ayudarlos con algunas actividades del colegio.
Esta semana, la mama de una de las niñas me comento que a la niña le molesta mucho equivocarse, que no le gusta usar el borrador, que se frustra y quiere dejar de hacerlo todo en el momento en el que se equivoca.
Mi recomendación fue: ¡enséñale que está bien equivocarse!
Y esto me hizo reflexionar un montón, ya que durante mucho tiempo he visto que solo se refuerzan las conductas positivas, cuando un niño hace algo bien se le da un premio y cuando hace algo malo se le castiga.
Estamos tan acostumbrados a ser castigados o retados cuando nos equivocamos, que no nos permitimos pensar que de los errores aprendemos.
¿Del 1 al 10 cuanto has aprendido de tus aciertos?
¿Del 1 al 10 cuanto has aprendido de tus fracasos/errores?
Y es que inconscientemente vamos por la vida evitando equivocarnos, queremos hacerlo todo ¡perfecto! Y este miedo a fallar nos lleva a realizar el peor y verdadero error NO HACER NADA POR MIEDO. Pero ¿saben qué? Los errores son los que nos muestran cómo es que debemos hacerlo en realidad.
Debemos reconciliarnos con los errores, estar dispuestos a equivocarnos, incluso celebrarlos, es cierto que a veces las equivocaciones se solucionan con un borrador o no hacen mucho daño a nuestra vida y que hay otros tanto que son más complicados y nos genera más dolores de cabezas, sin embargo en más o menos medida ambos nos enseñan cosas nuevas y nuevos caminos a recorrer.
Les cuento un ejemplo pequeño en mi vida, un día decidí hacer una torta (no soy muy diestra para la cocina y para los postres pues menos), le eche todos los ingredientes como decía en la receta y batí… lo metí al horno y me emocione pensando que había salido espectacular y delicioso como se veía en la foto y… ¡¡¡no!!! Quedo duro, no creció y sabía mucho a huevo… aunque me ilusione en vano y termine sin comer nada rico de merienda, no me desanime, averigüe en internet y busque que había pasado, le pregunte a mi esposo quien sí sabe un poco más de esto y me dijo te falto batirlo y le echaste mucho aceite, me recomendó como hacerlo y me explico hasta qué punto debía batirlo.
A los días lo volví a intentar tomando en cuenta todo lo que ya había escuchado y leído, esta vez el resultado fue un bizcocho esponjoso, suave y delicioso.
Si bien no es un ejemplo de una equivocación muy grave (nadie murió durante su realización).
Tenía dos posibles opciones o decidía dejar eso así y no volver a intentarlo más nunca ya que “no es lo mío” o intentarlo hasta que saliera bien aprendiendo de los errores ya cometidos. Afortunadamente opte por la segunda aunque debo admitir que si considere la primera.
Mi recomendación de hoy es ¡Equivóquense y celébrenlo!
¡Dejenme en los comentarios sus equivocaciones y celebremos juntos!