El sol estaba casi oculto, los últimos rayos matizaban de dorado el cielo. Iba ya cruzando la plaza, la brisa soplaba fuerte entre los árboles y hacía estremecer sus ramas, un hombre de apariencia informal y descuidada caminaba hacia mí, comenzó a zigzaguear y yo asumí la intención de bloquearme el paso contra la estatua del centro o golpearme, disminuí la velocidad de mi caminar hasta que él pasó el monumento, le vi a la cara sin cruzar miradas y continué mi camino. En el borde una chica ya estaba trabajando su olor peculiar me hizo estornudar, pensé que era un poco temprano pero tiene que comer. Por la avenida esquivaba ebrios y algunas personas que se dirigían de un lugar a otro, al llegar al puente percibí el olor a rosas pero no pude ver de donde provenía, el sol ya se había ocultado y el río cubierto de flores de apamate reflejaba las luces artificiales, había desaparecido el olor a rosas ahora me embriagaban los lirios del parque que estaba justo adelante, camine por el parque con cierta lentitud, me quede a jugar entre los árboles mientras perseguía una mariposa, todo estaba a media luz y sentí el fuerte deseo de pasar ahí la noche, sabía que no podía ser porque de seguro algo me molestaría.
Continué un par de cuadras más mientras la brisa me alborotaba mi pelo, frente a mi casa una pequeña jauría de perros me rodearon y saludaron, les devolví el saludo y retocé un momento con ellos, llame a la puerta y cambie a mi forma humana antes de entrar.