Regresar a primavera un corazón en otoño

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Es fácil romper un corazón, muy sencillo. Una acción, palabra, frase o incluso una idea basta para lograr tal objetivo. No resulta atractivo. No obedece a la idea de disfrutar del proceso para llegar
a una meta de mayor trascendencia. Lo realmente desafiante, en todo el sentido emocional de la palabra, es arreglar un corazón roto, recomponerlo, hacerlo disfrutar de la vida; con esta idea
noble en mente, me preparo a realizar la tarea más difícil que me he propuesto: amarla. No. Aún más importante, hacer que ame nuevamente.

Regresar a primavera un corazón en otoño

Su franqueza es inquebrantable, esto claro, cuando se trata de rechazar propuestas de relaciones. Personalmente lo sufrí una vez, no en el ámbito general de ser negada mi declaración por buscar un mejor lugar emocional estando al lado de ella, fue para recolectar información. Razones, motivos o causas originarias de su escaso interés de encontrar un co-inquilino que haga compañía en el apartamento que es su corazón, sabiendo lo solitario que es. Así que indagando, tomando notas, prestando atención y conociendo los detalles necesarios, dispongo de mis conocimientos necesarios en el arte de las palabras para preparar un atentado literario que explote sus equivocadas ideas sobre las ventajas de la soledad en la vida.

Repaso mi arsenal de armas, con las cuales enfrentaré una batalla contra su singular manera de pensar. Me acerco a ella, antes seguro, ahora temeroso de salir no vivo de este encuentro. Irónicamente, acabando de pensar ello, la muerte comienza desde el momento que me dice «hola». Sin embargo, no retrocedo, fue un momento innecesario de duda. Expreso:

-He venido a refutar tus ideas de rechazar una declaración hecha por mi persona.

-Espero que hagas un buen intento.

No malinterpreten su comentario. No lo dice en el sentido «soy muy buena, si quieren estar conmigo, esfuércense», sino «cambia mi equivocada idea de que el amor es como si fueras a convertirte en una máquina y al amar presiones el botón rojo que inicia la secuencia de autodestrucción».

-¿Qué crees que es el amor? - me pregunta.

Sorprendido un poco al observar cómo ella tomó la iniciativa en la conversación, respondo:

-Creo firmemente que es un error.

Ahora es ella la sorprendida, tal vez suene contradictorio buscar el amor diciendo que es un error.

-Vale, esa respuesta no la esperaba - dice mientras una efímera explosión de lienzos se depositan alrededor de las comisuras de sus labios y dibuja una sonrisa - ¿por qué lo crees así?

-Porque mi vida entera se ha basado en cometer errores, así que estoy acostumbrado, por ello prefiero decir que el amor es un error, soy experto en ellos, así que me iría bien.

-Si no estás acostumbrado a amar, ¿por qué buscas hacerlo?

-Cuando nací no estaba acostumbrado a existir, he aprendido a hacerlo con el tiempo. No se aprende a amar en un día, si fuera así, todas las personas en el mundo encontrarían pareja inmediatamente.

-Si tu pareja fuese más feliz que tú, ¿qué sentirías?

-¿Quién no ha admirado a las aves surcando los cielos, estando nosotros en tierra?. Si está feliz significa que ha encontrado la manera de desplegar sus alas para volar. Y yo, después que me enamore, jamás voy a querer cortarlas.

Creo que estoy haciendo un gran progreso. Nadie había logrado contradecirla ni causarle gran interés en el tema desde que lo hiciera su antiguo amor, ese que se encargó de convertirla en una mujer llena de rechazos a las complicaciones amorosas.

-No creas que me has convencido del todo, aunque debo admitir que me causas un poco de interés - dice como si estuviera a la defensiva.

Se necesitan balas de cañón disfrazadas de palabras para romper el muro que existe a su alrededor.

-Te aceptaré una cita si me enamoras en una frase.

Esta vez propone un reto interesante, se logra notar que está cediendo ante la idea de dejar salir sus sentimientos. Pienso un rato. Digo:

-No creo enamorarte, pero... cuando te miro a los ojos, veo el final del otoño, las hojas caídas danzando al vaivén de las ráfagas de viento, los troncos de los árboles temblando debido al frío intenso. Peligrosamente se acerca el invierno.

-¿Es lo que sientes cuando me ves?

-No, es lo que siente tu corazón. Estás al borde de entrar en el invierno, si lo haces mi corazón no tendría el calor suficiente para calentar al tuyo, pero en otoño aún puede y poco a poco quiero hacerte retroceder dos estaciones, para que sientas estar en primavera.

-Creo... que te has ganado la cita, junto con mi corazón.

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¡Gracias por pasarte a leer!.

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