Cuando la noche se vuelve densa y fría,
y el camino parece perder su norte,
sé que la fe es la lámpara encendida
que sostiene mi alma y le da soporte.
Aunque las cosas hoy no salgan bien,
y el viento sople fuerte en la ventana,
no me permito dudar ni caer,
porque sé que habrá un mejor mañana.
Tú estás conmigo, Dios, en cada paso,
en el silencio, en el dolor, en la espera;
tú transformas el quiebre en un abrazo
y haces que tras el invierno florezca la primavera.
No temo al suelo si tu mano me levanta,
ni a la tormenta si tu voz me da la calma;
mantengo la fe que sana y que levanta,
sabiendo que tu luz abriga mi alma.
Imagen hecha con I. A. a través de Gemini