A veces me pregunto si lo que siento es fe de verdad o solo costumbre. Porque hay días en los que levantarse orar se siente como una tarea más, y no como algo que uno quiere hacer.
No es que no crea. Creo. Pero hay mañanas en las que el alma está pesada y las palabras no salen. Y está bien. Dios no nos pide que seamos perfectos, nos pide que seamos honestos.
«Señor, yo creo; ayuda a mi incredulidad»
Marcos 9:24
Esa frase me llega cada vez que me siento así. El padre de ese niño no tenía toda la fe del mundo — pero la llevó a Jesús de todas formas. Y eso fue suficiente.
A veces la fe no es tener todas las respuestas. Es ir con lo que tenemos, aunque sea poco. Como el niño que ofreció cinco panes y dos peces. No era mucho, pero en las manos de Dios se convirtió en algo enorme.
No te sientas mal si hoy tu fe se siente chica. Dios no mide la cantidad — mide la disposición del corazón.
Que tengas un día lleno de la gracia que solo Él puede dar.
Pastor Encina — reflexiones desde el camino