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Entre la turbulencia cotidiana de estas horas que me agobian,
encuentro un espacio en ese banco vacío de mi calle oscura,
ese que invita a los recuerdos y que evoca las penumbras
ese que llama a la calma y a remembrar los placeres.
Ese banco de la calle que parece de concreto,
está tallado de lágrimas y de besos secretos,
ese banco se vuelca y me mueve la mente.
Y me pierdo un momento y en un rato me encuentro.
Me encuentro en un limbo, entre un ser y no ser
entre un estar y no estar entre existir y morir.
Mi mente inquieta y errante parece estar calmada.
Mi cuerpo caminante, cansado de ir y venir.
Me siento apaciblemente escapando de todo
de la vida, del ruido y hasta del propio sentir.
Mi cuerpo se conecta con la fuente infinita
Parece que me pierdo en un espiral sin fin.
Se quitan los dolores, se silencian los recuerdos,
se calma los sentires, se me relaja el cuerpo
Mis ojos cansados de buscar,
finalmente encuentran los tuyos
Ya perdidos y sumidos en la cotidianidad.
Te encuentro y no sé cómo es posible
Porque la geografía atento con nuestra cercanía.
Pero en este banco mágico mi ser lo puede todo
Y viajo entre hemisferios, cruzo mares
Conecto continentes hasta que lo logro.
Mi cuerpo reacciona seguro de encontrarte.
Sentado en otro banco mirando otro paisaje.
Ya ni siquiera distingo entre realidad y virtualidad,
entre cercanía y lejanía, entre claridad y oscuridad.
Y mi mente se calla y te escucho distante
Y te miro cercano, y te palpo constante,
Me dejo fluir; y es todo,
regreso galopante a este banco distante
de aquel en el que disfrutas sentarte.
Regreso un poco triste,
Porque se me fue el recuerdo
Pero la certeza de verte no sé cómo,
no sé cuándo revive los recuerdos.
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