Querido Sol. (Carta nunca entregada)

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La carta que nunca tuve el valor de entregar o mostrar hace un año...


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Imagen: http://pixabay.com

Hoy te vi.
Quisiera poder decir que he dejado mis ensoñaciones de lado,
que no he vuelto a imaginar mi reacción ante un encuentro casual,
que ya no recreo conversaciones en mi mente entre tú y yo.
Quisiera poder admitir, sin que fuese mentira,
que salgo sin la esperanza de obtener alguna señal de ti;
algo que me diga que también ansias ese encuentro inesperado,
que también quieres ver mis ojos otra vez.

Hoy te vi.
Te vi en cada parada que hacía el chofer;
por la ventana, cuando me fijaba que un chico llevaba una camisa parecida a la tuya.
Te vi en el forro de la guitarra que llevaba un señor al otro lado de la calle.
Te vi en cada sonrisa honesta de alguna pareja enamorada en una esquina.

Podría jurar que mi corazón se detenía cada vez que en la camioneta se subían más pasajeros.
Esperaba que entre alguna de esas caras apareciera la tuya. Y que fuese real.

Te vi al pasar frente a la estación de metro, llevando mi bolso y abrazándome por la espalda.
Te vi caminando de la mano conmigo y riéndote a más no poder con mi guitarra en tu otra mano.
Especialmente, te vi al bajarme de la comioneta;
como siempre esperándome un paso adelante para tomar mi mano al bajar.
Haciendo esas cosas que ya muchos no hacen.

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Te vi al llegar a la plaza,
sentado en las escaleras al fondo contándome algún recuerdo de cuando eras un niño
en aquellos banquitos, mirándome más que escuchándome cuando te contaba algo chistoso.
Te vi comiendo un pan dulce conmigo a los primeros escalones de las gradas.
Te vi de espaldas recostado en el barandal mientras hablabas con todos esos conocidos que te rodeaban.
Te vi en la esquina, al final de las escaleras, abrazándome y escuchando música conmigo.

Pero no eras tú...
No eramos nosotros.
No era más que la vida recordándome que los recuerdos duelen,
que se sienten muy vivos pero no se puede vivir de ellos.

Me he preguntado muchas veces estos días si también me has visto por ahí.

Y es que, mi querido Sol, si tan sólo supieras cómo iluminas mi cara con simplemente pasarte por mi mente y lo mucho que se acelera mi pulso, así sea por una fracción de segundo, al confundir a alguien contigo a lo lejos...
Si tan sólo supieras cuántas veces he escuchado el susurro de tu voz entre el ruido de esta caótica y confusa ciudad.

Si tan sólo lo supieras,
entonces tal vez
aparecerías en mi realidad.

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