Un beso no es cualquier cosa,
el cosquilleo en los labios al rozarlos con otros
antes y después de besar,
el dulce aliento del deseo
que te hace los ojos cerrar.
No es cualquier cosa una caricia,
la reacción de la piel al contacto de otra.
Que deja una sensación que reinicia,
cuando más lo necesitas.
En tu mano, en tu frente, en tu espalda.
Caminar de la mano no es cualquier cosa.
La seguridad, el calor y la compañía,
la energía que transmites
y te transmiten.
La unión de los dedos entrelazados.
Y definitivamente un abrazo no es cualquier cosa.
Acercar tu corazón a otro,
rodear otro cuerpo con los brazos,
esconder la cara en el cuello de esa persona,
sentir su calor cubriéndote.
Estos gestos tan sencillos, para mí no son cualquier cosa.
Prefiero reservarlos.
Porque cualquiera puede darlos,
pero no cualquiera los hace sentir tan especial,
como si fuese un regalo para atesorar con el alma.
Y lamento mucho que las personas ya no vean estas cosas como algo importante.