Quietud, el bálsamo de los versos
La vida de admiración,
de contemplación alargada,
trae satisfacción
al alma cansada
de no ser lo que escribe,
de lamentar lo que piensa
y no ver lo que siente.
El bosque en su caudal
trae frutos inciertos,
que llegan a intoxicar
el andar del poeta
que muere todos los días
sin saber cuál es su meta.
Vivir o contemplar en la cascada,
el rumor de la existencia,
más allá de la querencia
de sembrar una arbolada.