Yaces en un rincón estelar,
postrada, vaga en el recuerdo
que amanece todos los días
sin conocer yo su fin.
Mi mente terca te llama,
pero le digo tú vas
montada en cometa de acero
al universo de otro corazón.
Fue entonces luna de miel
sin yo saber un día
descubriría, endulzado, tu ruin panal
de mil abejas tan mortales.
Es ahora luna de queso
donde vagan los ratones viles
y las telarañas tanto cubren
lo que brillo dorado tuvo.
Yaces arrinconada en una estrella,
donde te empiezo a olvidar.