Entre el frío y las sombras
Es ella
quien como la bella durmiente,
permanece fresca, diligente,
en su extenso, inerte sueño,
posando una pluma en su frente
hasta que alguien creyéndose su dueño,
ose ir con amor al frente
y compre sus fantasías y anhelos.
No es para ella cosa de deseos ni dolores,
ser la pereza durmiente
de un bolsillo imprudente,
que compre un corazón ausente.
Es, más bien, la costumbre latente
de esperar entre hombres y colores,
quien pueda llenar su cabeza sin valores.