Felípe era un joven músico, su mayor pasión era la música, su mayor sueño era de unos 22 años de edad, joven flautista con un gran futuro musical, su tiempo libre lo entregaba en cuerpo y alma a la música.
Era también un joven de escasos recursos, su familia era muy humilde, su madre lo abandono cuando tenia solo 3 años de edad, no tuvo más hermanos, su padre trabajo duro por el desde que nació, su padre era también su madre, un albañil muy bueno que lo poco que ganaba lo invertía en el futuro musical de su hijo y en sus estudios.
Muchas veces, Felípe escuchaba a su padre llorar y este al sentirse descubierto, disfrazaba las lagrimas con sonrisas para que su hijo no se preocupase. Las deudas eran grandes y él seguía trabajando fuerte, eran un par inseparable y solo se tenían el uno al otro.
Un buen día, el padre, con el poco dinero que pudo ahorrar en un año decide matricular a Felípe en un conservatorio donde formaban a jóvenes para ser músicos profesionales y Felípe tenia una destreza increíble al tocar, al ver que su padre lo inscribía en tal lugar, lloró de felicidad nunca antes había estado más emocionado y feliz. Su padre también lloraba De felicidad al ver esa sonrisa de oreja a oreja de su amado hijo.
Felípe tuvo una infancia difícil, donde no se daba cabida a los lujos, frecuentaba amigos que poseían bienes impagables para el, todo lo que querían, pero para el, en su humildad, su padre y su música eran su mayor regalo.
Alexandra era una violinista de 17 años, con un amor por la música tan apasionado como el de Felípe, una joven de respetable familia con padres adinerados, pues su padre era un prestamista, abogado y corredor de seguros, tuvo los mejores estudios y fue heredero de una gran fortuna, su madre, una reconocida medico cirujano proveniente de una buena familia, también heredera de una gran fortuna y dueña de uno de los restaurantes más lujosos de la ciudad donde vivían.
Alexandra, siendo hija única, siempre tuvo todo lo que quería, su infancia estuvo llena con los mejores juguetes, las mejores ropas, los mejores estudios pero ella estaba cansada en cierta manera, de la poca libertad que sus
padres sobre protectores, le otorgaban.
Ella sentía que vivían en un mundo material, un mundo de cristal, lleno de aburridas reuniones de familia donde solo se sentaba a aprender la manera de hacer negocios, donde sus padres solían "clasificar" sus amistades, ordenándole que se alejara de cualquier persona que a ellos les pareciera "pobre", de bajos recursos.
A pesar de tener todo lo que quería, era una joven muy triste y vacía, no había experimentado lo que era "vivir" ya que siempre viajaba en limusina, la llevaban y traían a todos lados y solo los sitios a los cuales se les permitía ir.
Se sentía como un fantasma, le elegían los vestidos, no podía vestirse como las demás, siempre debía estar elegante, como para una ocasión especial que nunca llegaba, le resultaba tedioso lidiar con ce cubierto empezar a comer y con cual terminar no hacer ruido en la mesa, era una joven atrapada en un mundo de cristal y la música era su única vía de escape de ese mundo tan frió y vacío que ella vivía.
Su destreza con el violín era única, por lo cual se interesó en ingresar a un conservatorio casi rogando a su padre, tanto por querer tomar clases de música como por tener la oportunidad de conocer otras personas, sentía curiosidad de relacionarse con aquellos que sus padres les prohibían y ella sabia que dichas instituciones no hacían distinción de clases sociales.
Sus padres, por casualidades del destino, aceptaron sin casi protestar, ya que ellos sabían lo buena que era su hija respecto a la música y ella estaba feliz, no podía creerlo, conocería gente nueva y lo mejor es que haría lo que más amaba en el mundo, hacer música.
Era una tarde de Verano, el sol radiaba en su máximo esplendor, era el primer día para Felípe en esta escuela de música, por casualidades de la vida, también lo era para Alexandra. Él estaba recorriendo los enormes pasillos del instituto musical, llenos de retratos de Mozart, Beethoven, Frédéric Chopin, entre muchos otros. El solo caminaba con la vista fija en aquellos cuadros y no al camino que tenia delante, cuando de repente escucha el suave sonido de un violín y ahí estaba, Alexandra, quien lo dejo perplejo gracias a su belleza y lo hermoso que hacia sonar su instrumento.
-"¡Hola! tocas muy bien"- le dijo Felípe a aquella chica, al acercarse, apenado.
-"Soy Felípe y soy flautista, me gusta mucho la manera en la que tocas, ¿crees que me puedas enseñar a tocar el violín? soy flautista, podría enseñarte a tocar también".
Ella estaba atónita, era la primera vez que alguien se le acercaba de ese modo, Felípe le parecía apuesto y también compartía su interés en aprender a tocar otro instrumento, aceptó.
Transcurrió el tiempo y se hicieron muy buenos amigos, Felípe le contó su pasado, su historia y ella hizo lo mismo, ambos estaban impresionados, ya que no se imaginaron lo distintas que eran las cosas para el otro, eran modos de vivir que no conocían, una vida diferente, modales, costumbres distintas, todo era extraño para el otro, mientras más escuchaban.
Su relación de amigos, poco a poco fue adoptando y mezclando sentimientos diferentes, en sus tiempos de estudiar música, tenían los ratos más agradables, compartían conocimientos sobre obras, orquestas y músicos, se escapaban para degustar helados, salían a escondidas, ya que él sabía que si los padres se enteraban de su existencia, la perdería para siempre.
Cierto día, Alexandra decide confesarle su amor y el asombrado y apenado le corresponde con la misma confesión, ambos sonrojados se acercaron el uno al otro, hasta que sus rostros se encontraron en un primer beso de amor.
Alexandra se sentía diferente al llegar a casa, estaba feliz, enamorada de aquel chico que tampoco dejaba de pensarla mientras le contaba todo a su padre, quien le advirtió y aconsejo tener cuidado, por que podría sufrir si ella no le correspondía enteramente, pero él sabía que no era así, la sentía como su alma gemela.
Felípe salio de su casa al día siguiente, solo para llamarla desde un teléfono publico, diciéndole que la extrañaba, y atreviéndose apresuradamente a decirle que la amaba y que no podía quitarse de la mente aquellos besos, que como fuegos artificiales, hacían un festival de colores y sonidos en su mente. El tan solo contaba las horas para verla nuevamente y a cada palabra el le correspondía con el mismo sentimiento, pero para sorpresa de ambos, el padre de ella, tras la puerta, escucho toda su conversación, resolviendo en sorprenderlos.
Un nuevo amanecer llega a la semana siguiente donde ambos chicos se reúnen, decidiendo no entrar a clases esa mañana, si no quedarse fuera solo para hablar, besar y contemplar el uno al otro.
Ella le profesaba su amor, incondicional antes sus desigualdades sociales, su preocupación a perderlo para siempre si sus padres se enteraban de lo que tenían.
El le correspondía, indicando que no le importaba lo que se les avecinara con tal de estar juntos, que siempre lucharía por ella, que se enfrentaría a sus padres si era necesario, pero que estos no se enterarían.
Alexandra con sus lágrimas asomando a sus ojos, unió sus labios a los de Felípe como jamas lo había hecho, hasta que un par de manos fuertemente los separó.