Era una tarde como cualquiera, paseando por la ciudad, relajando mi mente de la carga diaria de la rutina y del trabajo, nada en especial, sólo caminando alejando de mi mente todos esos pensamientos perturbadores y desgastantes que invaden mi interior como a eso de las seis de la tarde.
Sé que tu también lo sientes, después de horas y horas sentado frente a tu computadora en la oficina, o dependiendo del trabajo en que te desempeñes.
Nadie esta exento de sentir esa opresión y la carga sobre los hombros suele empujarnos cada vez más hacia abajo, acercándonos al piso, derrotados, el tiempo se vuelve incontable a través de las horas que tiene el día, deseas con vehemencia la hora de salida.
Llega la hora, sales a la calle corriendo eufórico la libertad por fin es tuya nuevamente, así que te dedicas a pasear por ahí, entre calles y callejones, explorando tu libertad, explorando la vida.
Deseando que la noche se extienda, que dure más, que sea eterna y sin fin, a pesar de que sabes bien que tan pronto sean las diez de la noche a más tardar, debes volver a tu hogar a descansar y mentalizarte, y quizás soñar con que mañana, mañana será un mejor día.
Quizás las horas sean más cortas, quizás las horas sean más amables contigo, y quizás a pesar de saber que es una rutina, no dejes de sentir que cada hora de tu vida es lo mejor que te ha sucedido...
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