Hace dos días, con mi última publicación comenté que tenía ganas de rodar un poco con mi bicicleta la madrugada cordobesa y así fue. Salieron una perspectivas interesantes cargadas de soledad y algunos amores incógnitos de la noche. Recorrí el Paseo del Buen Pastor y la entrada a Ciudad Universitaria, escenarios que por excelencia reúnen a la juventud que hace vida en Córdoba durante las tardes de verano y los fines de semana. Caer a mitad de semana y en madrugada a estos lugares fue como descontextualizarlos y encontrarme con una población distinta. Algún borracho ahogando penas, alguna pareja que se cree única y que el mundo le pertenece, algunos amigos que llevan tiempo sin verse, caminan y descansan para seguir sus caminos separados. Un espacio que reúne gente distinta, que reúne vida que siempre amo retratar.
A pesar de las fotografías varias que tomé, terminó siendo una muy mala idea porque salí a pedalear a los pocos minutos de haber terminado de comer, además (a pesar de hacer calor de verano) corría una brisa fría que hizo que al día siguiente amaneciera sudando frío, con malestar general y nauseas. Por eso mi inactividad estos dos últimos días. Con esta justificación convertí este blog más en un diario que alguna reflexión.
—FIN—
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