Una selección de dos fotografías algo arriesgadas: Un atardecer en blanco y negro. Usualmente, lo más llamativo de un atardecer son sus colores y contrastes entre las nubes que van más allá de la luz que hay, se centra en la combinación cromática, sin embargo, siempre que tengo un atardecer, pruebo verlo en blanco y negro porque algunos de ellos son tan drásticos en sus contrastes de oscuro y claro que las siluetas que se forman son también atractivas. En este caso, dicho dramatismo en el contraste se debe a que se avecinaba una tormenta. Tormenta que como a mí mismo, fue desvaneciendo la luz le daba vida al lugar, desvaneció lo poco que quedaba en un corazón en el que ya no queda nada.
—FIN—
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