Mientras veía los árboles pasar junto a la ventanilla del carro, un poco viejo de color azul desteñido que llevaba,. una lagrima recorría mi mejilla, era tan caliente que mi piel esta roja y ardía, ardía como ninguna flama hubiera ardido jamás. Ardía por ese amor perdido y no reciproco, ardía por la pasión que llevaba dentro, ardía por el aroma de las falsas promesas, y las noches en brazos del chico de risos dorados.