¿El ciclo de cuatro años de Bitcoin todavía sirve para predecir el próximo pico, en 2029?
Cada vez que Bitcoin cae fuerte, alguien saca el gráfico del ciclo de reducción a la mitad y dice "tranquilo, esto ya lo vimos antes". Y cada vez que sube fuerte, pasa lo mismo pero al revés. El ciclo de cuatro años es probablemente el marco más citado en todo el análisis de Bitcoin, pero vale la pena preguntarse con honestidad: ¿sigue funcionando igual que antes, o le estamos pidiendo más precisión de la que puede dar?
¿Qué es el ciclo de reducción a la mitad?
Cada aproximadamente cuatro años, la red de Bitcoin reduce a la mitad la recompensa que reciben los mineros por cada bloque. Esto ocurre por diseño, cada 210.000 bloques, y su efecto es simple: reduce el ritmo al que se emiten nuevos bitcoin. Menos oferta nueva entrando al mercado, si la demanda se mantiene igual o crece, históricamente ha empujado el precio hacia arriba.
El patrón que se repitió en los ciclos anteriores fue más o menos así: después de la reducción a la mitad, el precio sube durante unos 12 a 18 meses hasta un pico, y luego entra en un mercado bajista que suele tocar fondo alrededor de un año después de ese pico. Ese ritmo —halving, subida, pico, caída, fondo— es lo que la gente llama "el ciclo de cuatro años".
Lo que pasó esta vez
La última reducción a la mitad fue en abril de 2024. Siguiendo el patrón histórico, Bitcoin marcó un pico cerca de los 126.000 dólares en octubre de 2025, unos 18 meses después, justo en la ventana que el ciclo predecía. Hasta ahí, el modelo se cumplió casi al pie de la letra.
Lo que vino después es donde empieza el debate. Los modelos cíclicos, incluidos los que siguen analistas como Benjamin Cowen, ubican el fondo del mercado bajista entre septiembre y octubre de 2026, más o menos un año después del pico. Otros analistas, en cambio, argumentan que esta vez el patrón se está desviando: la caída ha sido más suave que en ciclos anteriores, y factores que antes no existían —sobre todo los flujos de los ETF spot y las condiciones macroeconómicas globales— están alterando el ritmo natural del ciclo.
¿Por qué el ciclo es menos fiable que antes?
Hay una razón estructural detrás de esto: cuando el ciclo se formó, Bitcoin era un mercado dominado casi en su totalidad por participantes minoristas y algunos fondos especulativos. Hoy, una porción enorme del flujo de capital entra a través de ETFs regulados, que responden a dinámicas distintas: asignación de carteras institucionales, decisiones de la Reserva Federal, apetito de riesgo global. Esas fuerzas no siguen el calendario de los bloques minados, siguen el calendario de la macroeconomía.
Esto no significa que el ciclo haya muerto. Significa que ya no es el único —ni necesariamente el principal— factor que mueve el precio. Es un mapa histórico útil, pero cada vez comparte el terreno con variables que antes pesaban mucho menos.
La señal que hay que vigilar ahora: el interés abierto
Aquí es donde entra un dato clave del momento actual: el interés abierto global en criptomonedas —es decir, el valor total de los contratos de derivados que siguen activos sin cerrar— está en 478.220 millones de dólares, un 23,84% más que hace 30 días.
¿Por qué importa esto para la discusión del ciclo? Porque un aumento fuerte del interés abierto indica que se está acumulando apalancamiento en el sistema, no necesariamente convicción de largo plazo. Si el mercado sube apoyado en más y más apalancamiento, cualquier pico —sea que el ciclo de cuatro años lo predijera bien o no— se vuelve más frágil, porque ese apalancamiento se puede deshacer de golpe.
Dicho de otra forma: el interés abierto y la liquidez del mercado funcionan hoy como una señal de confirmación adicional al ciclo. El ciclo te dice "en qué ventana de tiempo podría pasar algo"; el interés abierto te dice "qué tan sólido o qué tan apalancado está el terreno cuando eso pasa".
¿Qué significaría todo esto para un pico en 2029?
Si el fondo del ciclo actual efectivamente llega entre septiembre y octubre de 2026, y el patrón histórico de 12 a 18 meses post-halving se repitiera con la próxima reducción a la mitad —programada para 2028—, el próximo pico caería en algún punto de 2029 o principios de 2030. Ese es el razonamiento detrás de usar el ciclo para proyectar tan lejos.
Pero proyectar un pico con tres años de anticipación, basándose en un patrón que ya mostró señales de desviarse en su propia fase de fondo, es estirar el modelo más allá de lo que los datos actuales pueden sostener. El panorama solo se fortalece como marco predictivo si, de aquí a entonces, las condiciones que lo están debilitando hoy —los flujos de ETF, la política monetaria, el apalancamiento en derivados— también se alinean con lo que el ciclo anticipa. Si no lo hacen, el ciclo seguirá siendo una referencia histórica interesante, pero no un calendario confiable para decidir cuándo entrar o salir del mercado.
En resumen
- El ciclo de cuatro años describió bien el pico de octubre de 2025, pero su capacidad de predecir el fondo de 2026 ya está en duda.
- Los ETF y la macroeconomía global son hoy fuerzas tan relevantes como el propio halving.
- El interés abierto en 478.220 millones de dólares, subiendo casi un 24% en un mes, es la señal a vigilar: mide qué tan apalancado —y por tanto frágil— está el terreno debajo del precio.
- Usar el ciclo para proyectar un pico en 2029 es válido como hipótesis de trabajo, pero no como certeza: solo se vuelve más fiable si el resto de las señales de mercado empiezan a confirmarlo por su cuenta.