Como el sol en ese patio parecía un grano de oro, dijo el gallo
-¡Que delicia! y se lo comió goloso.
– Al dormir en lo más alto de su gallinero trono,
aun en su pico sentía brillar el astro redondo.
¿Quien la calentará la mañana?
La lechuza, que tenía mucho más grade los ojos,
se lamentó: Sin el sol no podré dormir ni un poco.
¿Para qué quieren a ese?
preguntó un gusano gordo
si vivieran bajo tierra tanta luz les fuera estorbo.
Cacareaba la gallina:
Porque mi rey duerme orondo
hay que buscarle algún médico
para que despertarlo pronto.
Vino el sabio caracol arrastrandose en el polvo.
Se le ve bien la cresta, mas podría quedar ronco.
Con sus dos linternas verdes sin saber cuándo ni cómo
el fiel cocullo alumbro un tiempo corto, muy corto.
-El gallo se despertó, se sacudió perezoso,
canto su quiriqui y amaneció para todos.