Cuando estuve lejos, recibí muchas veces la misma mala noticia, fueron tiempos duros y aún al recibirlas lo siguen siendo. Como esa vez que me llamaron para decirme que mi abuela, a la que tenía 18 años sin ver, había cerrado sus ojos para siempre, y ya nunca más podría verla en este plano terrenal.
Duele, sin duda que duele. Pero ¿cómo le dices a quien amas las malas noticias? ya no es cuestión de solo recibirlas al ser tú quien está lejos, si no que ahora toca darlas también.
Morir tras una enfermedad es algo doloroso, no solo para el enfermo, si no también para el familiar que cuida, que ayuda y que está allí de una u otra forma. Agota física y mentalmente, también de forma sentimental, ya que luchas con el deseo incansable de esperar una recuperación y la realidad que hay ante tus ojos.
Sin embargo es la única formar de partir de este mundo que nos da la oportunidad de ponernos en cuenta, con Dios, la familia y nosotros mismos. Una oportunidad de irse sin dejar pendientes y aunque parezca doloroso, es un privilegio. Incluso es una forma de estar preparados para lo peor.
En el 2020 tuve que dar una dura noticia a quien amo, a mi esposo y no tuve el valor de mirarlo a los ojos, por que sencillamente yo también estaba quebrada por dentro. El viernes se repitió la historia, una que no quería que se repitiera.
Fueron tantos los meses que en mi forma y a mi manera luché para que no sucediera, que no solo me sentí triste, quebrada, me sentí molesta, frustrada y más aún luego de ver a personas que nunca preguntaron y ayudaron, decir cosas sin sentido.
Desperté, era viernes en la mañana, eran las 8:30 y tenía dos mensajes, uno decía al final: "no sé cómo decirle", al leerlo, ya sabía cuál era el primero, porque aunque mi corazón deseaba que así no fuera, ya hace algunos días sabíamos que podíamos recibir esa noticia en cualquier momento.
Una vez más me tocó ser fuerte. Respirar una y otra vez. Hacer una llamada pues no estaba junto a mí y ya hacía eco la noticia en las redes sociales de quienes sin prudencia y pensar si ya su hijo que estaba lejos sabía, actuaron de forma precipitada.
Mis brazos lo estuvieron esperando, mientras volvía del trabajo a casa. Respirar una y otra vez, nuevamente, ser fuerte una vez más. Consolar mientras guardas por dentro tus pedazos y tratar de pegar los de otro mientras los tuyos están regados también.
No te soltaré nunca...
Tener que quedarnos callados y sonreír con los ojos aguados frente a los niños, tener que hablar bajito, con el corazón arrugado. Abrazar una vez más y cada vez más fuerte. De pronto ser sorprendidos por el silencio, que nos hace viajar en los pensamientos y recordar, desear, querer y saber que la vida es nada.
Mi suegro fue un hombre dichoso, hoy en día muchos padres cuando enferman lamentablemente no cuentan con el apoyo de todos sus hijos, ya que algunos se hacen los desentendidos. Él contó hasta el último momento, hasta la despedida de su cuerpo mortal, con cada uno de ellos y eso es una honra.
"El hombre que ama a Dios y a su familia, será Honrado"
Mi suegro fue un hombre bueno y una muestra de ello son sus hijos. Un hombre que nunca se cansó de ayudar al prójimo, incluso hasta quedarse sin nada con tal de que otro tuviera. Un hombre alegre, respetuoso, que amó a su madre la honró, amó a su esposa, a sus hijos, a sus nietos. Nunca tomó lo que no era suyo y con trabajo honrado sacó a su familia adelante.
Hay muchas cosas que no voy a decir, muchos sentimientos, promesas que aunque él ya no esté voy a cumplir y la molestia de saber que aún cuando fue bueno y ayudó a tanta gente, a él lo dejaron solo, pero como le dije a mi esposo, tuvo lo más valioso, a su esposa y sus hijos, a sus nietos que nunca dejaron de orar por él.
Decirle a un niño que su abuelo ya no está...
Esta parte fue realmente dura, ya le habíamos dicho hace 2 años sobre su primo, ella lo entendió a medias y lo fue asimilando con el tiempo.
Mi hija le pedía a Dios por su abuelo todas las noches y le decía a él que lo amaba que comiera para volverlo a ver. Yo no sabía cómo darle a mi hija de ocho años una noticia tan dura. Mi esposo y yo lo pensamos mucho y al día siguiente lo hicimos juntos.
Ella ya sospechaba que algo pasaba. La sentamos en la cama, tomé sus manos y comenzamos a hablar sobre su Abuelo, cada vez sus ojos se movían más analizando todo y cuando le dijimos al fin que ahora él está en el cielo con papá Dios, ella solamente gritó ¡Noooo! Y se tiró sobre la cama.
Me partió el alma su reacción, la abracé y le expliqué una vez más, se levantó y abrazó a su papá fuerte. Fue un abrazo sin duda tierno y al mismo tiempo confortable. Ahora ella sabe que el abuelo está con su tía y su primo en el Cielo junto a papá Dios.
La vida es un segundo en la inmensidad del universo. Un segundo que muchas veces es desperdiciado, que muchas veces es mal vivido y poco valorado por algunos. Un segundo que nos hace ver, que lo único seguro que tenemos en el, es que llegará el fin.
No sirve de nada pelear, no sirve de nada tener envidia, tener amarguras y tantas cosas, que nos quitan lo único que debemos aprovechar, el tiempo. Ese tiempo que ya no vuelve atrás, que avanza sin detenerse y es nuestro peor enemigo.
El tiempo que es justo lo poco que nos dan, es lo que debemos aprovechar.
La vida es una sola y es muy corta, por eso ama más, abraza fuerte y di sin miedo Te amo, porque así como un pestañar se nos va y solo quedan los recuerdos en quienes van a extrañar y quiénes por tus hechos te honren, mientras sus vida continúan.
Vuela Alto - Vibra Alto - Más allá del Sol, donde ya no hay sufrimiento ni dolor.