Ayer tuve una sensación extraña, me sentía intranquilo y con ansiedad, sin tener motivos aparentes. La tarde se sentía extraña, como con un aire pesado que afectaba mi estado de ánimo. Decidí salir a caminar un poco para despejar la mente y organizar mis ideas, pero me sorprendió un cielo color naranja intenso con nubes grises que se arremolinaban sobre las montañas en el horizonte.
El cielo era deprimente, como si el día se negase a sucumbir ante la noche que daba su mejor batalla por acabar con cualquier resto de luz solar. La luz dio paso al anochecer, no sin antes teñir de rosa el cielo dejando una especie de bruma en el ambiente.
En medio de esa niebla rosa, caminé aceleradamente queriendo llegar pronto a casa y librarme de esa pesadez que se había apoderado de mí. Mis ojos aún no se acostumbraban a la oscuridad que rápidamente iba ganando espacio.
Al pasar frente a la casa de una vecina, mis ojos fueron atraídos hacia su ventana. Todas las luces estaban apagadas, pero en la cocina se veía la silueta de una mujer haciendo oficios, quizá lavando los platos. No le di importancia pensando que era su madre y que habrían tenido alguna falla en el sistema eléctrico.
Al llegar a casa, le escribí a la vecina para ponerme a la orden si tenía que reparar la electricidad o reemplazar los bombillos, pero me sorprendió sobremanera cuando me dijo: “Vecino, en la casa no hay nadie, por eso las luces están apagadas. Yo estoy en casa de mi mamá y me voy más tarde para allá.”
No le quise contar lo sucedido por mensaje para no inquietarla, así que esperé hasta que volviera; y al llegar le dije a manera de broma: “Veci, creo que están espantando en su casa, porque le juro que vi la silueta de una señora lavando los platos en medio de la oscuridad.”
_Ay vecino, no me diga eso que ahora no voy a poder dormir tranquila por las noches– me respondió con marcado nerviosismo.
Días después le comenté a una amiga vidente, para ver qué me decía al respecto y lo que me dijo fue más sorprendente que la propia historia.
Algunas veces las almas quedan atrapadas en las casas y vagan por ella como sombras. No saben o no aceptan que ya no pertenecen a este plano. En las fechas de los equinoccios o los solsticios cuando los días se acortan o se prolongan solapando los opuestos constantes del día y la noche, suelen abrirse puertas dimensionales que conectan nuestro mundo con otras dimensiones y se hacen más evidentes esas apariciones.
--Texto de mi autoría E.Rivera--
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