No sé por qué cuando se está triste la noche parece ser más oscura. Y esa noche era tan oscura que solo la podía comparar con un túnel infinito, porque no sólo era una oscuridad totalmente negra, sino además una obscuridad profunda.
Tristeza, desde hacía un par de años, ese era mi estado de animo de todos los días, y eso posiblemente no cambiaría en mucho tiempo.
Comencé a pensar, pensé en mi padre, en la universidad, pensé en el futuro. Pensé en muchas cosas.
Creí ver sombras, a la altura del techo, y al ras del suelo, sombras de ojos grandes, amarillos y verdes, rutilantes, encegueceros que me miraban atentamente. Eran demonios. ¡Demonios! las personas tienen demonios, y cuando esos demonios te logran dominar, entonces estas perdido.
Pero yo no dejaría que mis demonios me dominaran, yo soy muy fuerte, tengo mucha fuerza mental, y vencería todo obstáculo que se presentara en mi camino. Aun así, tenía mucho miedo. Miedo a lo que pudiera pasar, miedo a que mi padre no regresara y miedo a quedarme completamente solo.
Odio la soledad, temo quedarme solo. La soledad es tan mala compañía, en ese momento me acompañaba la soledad, mientras que la nostalgia guiaba mi camino. Tenía recuerdos, recordaba a mi padre sonreír, y la soledad se iba, porque estaba acompañada de esa esperanza que no permitía que las lágrimas fluyeran de mis ojos, pero siempre permanecía la detestable y omnipresente nostalgia.
Creí que sólo necesitaba dormir un poco, descansar, poner mi mente en blanco. Aunque sabía que eso era muy difícil, casi imposible. Sabía que esa noche cuando durmiera, soñaría pesadillas horrendas. Yo siempre he sido un soñador, cuando mi padre sufrió el accidente que lo mantiene en coma desde hacía 2 años, yo lo soñé…
Soñé que miles de cadáveres deambulaban por caminos solitarios y esquilmados, y en su hórrido caminar, esos cadáveres no encontraban cielo ni infierno, solo un profundo abismo en donde iban cayendo, uno por uno, unos sobre otros, y cuando el abismo estaba lleno, los cadáveres explotaban en mil pedazos.
Mi padre se perdió entre esos cadáveres mefíticos y descarnados, y me pedía ayuda, pero yo no pude hacer nada. Los cadáveres lo condujeron hasta el abismo. Cuando desperté, lo encontré inconsciente en la sala, y ya no despertó.
En ocasiones soñaba que él despertaba, y otra vez paseábamos a orillas de la playa como antes. Antes de acostarme, sólo tenía una petición para Dios, que él despertara, porque la soledad que sentía, ya era insoportable.
Definitivamente me hacía falta unas vacaciones, pensé en planearlas para después de mi gran investigación. Quería ir a Hawái, me habían dicho que es un hermoso lugar. Tal vez me gastaría todos mis ahorros en ese viaje, pero los caprichos siempre son muy costosos.
Me recosté en mi cama, y dormí, y como lo había presagiado, esa noche tuve horribles pesadillas.