- Finalmente, no respondiste a mi señal.
- ¿Hummm? Pensé que era cosa mía. No supe qué buscabas en mí. ¿De verdad, qué quieres de mí?
- Tu misterio.
- No. No lo tengo. Ninguno. Soy transparente, translúcida, totalmente legible.
- Pues entérate que sí. Me intrigas. Me atraes, me ilusionas.
- Me alegro por ti. Pero no me hago cargo. No sé de qué hablas.
- De tu pelo cenizo, tu sonrisa de leyendas, la quimera en tu mirada y de tus manos... quiero conocer su presencia.
Un diálogo suspendido entre el asombro y la fascinación;
cuando la inocencia se detiene a descifrar el enigma de los años y la experiencia.
Imagen creada con IA Gemini