Quiero pedirte perdones que caben en mi tranquilidad y si cada palpitar es un corazón propio, ojalá quepen y se purifiquen todos mis corazones.
Me encuentro ausente de mí: solo, en este destierro de no saber de ti; de saber que tu perdón, no lo puedo tener porque, no; no estás conmigo. Hace frío, se me congela el pensamiento y es tu perdón, la talla adecuada de mi abrigo.
Si existiera una posibilidad de hablarte. Tal cual existiera en hallar tu perdón y mi culpa, cual gota de rocío en las lluvias e inundaciones, en la misma agua y en el mismo elemento.
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