Poema 100
Saludos, en medio de todo esto, han pasado varios días como solo pueden pasar cien, cien años en pocos años. Escribirte a ti y que no estés, es semejante a seguirte escribiendo; una forma egoísta de tenerte, un objeto personal de uso exclusivo.
Y así me gradué de científico desquiciado buscando la fórmula ideal para entrar en tu cariño, cuánta madera quemada para mi hoguera.
Y así me gradué de científico desquiciado buscando la fórmula ideal para entrar en tu cariño, cuánta madera quemada para mi hoguera.
Un príncipe azul, que siendo todo un rey buscaba conquistar tu reino, esperando que me preguntara tu muslo por mi mano dentro de tu falda.
Entre héroes y villanos tus motivos me hicieron; de a poco, ser el principito que se entregaba por su rosa, culpándolas a todas de ser la misma; drogado de tus espinas, el punzón y miel de tus espinas.
Tantas cosas pueden pasar en cien años, en cien poemas, en cien amores, o en un centenario de inventos. Cien veces, sin serlo, con una centena de te quieros, hasta este “Te amo”
Entre héroes y villanos tus motivos me hicieron; de a poco, ser el principito que se entregaba por su rosa, culpándolas a todas de ser la misma; drogado de tus espinas, el punzón y miel de tus espinas.
Tantas cosas pueden pasar en cien años, en cien poemas, en cien amores, o en un centenario de inventos. Cien veces, sin serlo, con una centena de te quieros, hasta este “Te amo”
Te confieso; en este milenio no sabía hablar, te desconocía; y descubriéndote: más quería amarte. Te busqué entre tantas, hallándome tus retazos, y en varias, y en ninguna, en rompecabezas; rehacía en mis perversiones el esqueleto de tu completa anatomía: Niña, adolescente, joven, señora o Madura con distinta correspondencia y para mis colmos, tus mismos sellos.
No pude alcanzarte, antes que me pudieras bloquear por redes pero hace algún tiempo te tengo retenida, en mi canción “Tú y las tolvaneras” me volví río y quebrada, para bañar la forma de tu cuerpo y retenerte en las sondas prisioneras del caudaloso torrente de mis besos.
Ni con cien teclas sé escribirte, no sé dibujarte, con tanta soberbia no sé cómo dimensionarte.
Estoy buscando todos tus besos en los submarinos de mis desvelos. Buscando y encontrándote 100 y más veces, para disculparme, pedirte perdón, regañarte, protegerte, abrazarte, sujetarte o quererte con creces y faltarte el respeto hasta lo prudente.
Ni con cien teclas sé escribirte, no sé dibujarte, con tanta soberbia no sé cómo dimensionarte.
Estoy buscando todos tus besos en los submarinos de mis desvelos. Buscando y encontrándote 100 y más veces, para disculparme, pedirte perdón, regañarte, protegerte, abrazarte, sujetarte o quererte con creces y faltarte el respeto hasta lo prudente.
Es justo y eres necesaria, como para quebrarme todo lo que acá voy malviviendo, en una forma equitativa de matarme todos los versos.
No cuento ni contigo, ni conmigo mismo; no encuentro el modo para entenderlo, aunque me están matando los remordimientos como tus senos y al mismo tiempo, el mal ensayo de seguirte recordando. Como un mal tan necesario.
Cien veces más para que vayas más numérica que el tiempo, mucho más atemporal que sentirte húmeda, para resarcir otro decálogo más, otro orgasmo más, otro más de tus rechazos… Van 411 palabras, hasta acá muere un autor que quiere vivir y entender que la vida continúa, estés o no estés junto a mí…
No cuento ni contigo, ni conmigo mismo; no encuentro el modo para entenderlo, aunque me están matando los remordimientos como tus senos y al mismo tiempo, el mal ensayo de seguirte recordando. Como un mal tan necesario.
Cien veces más para que vayas más numérica que el tiempo, mucho más atemporal que sentirte húmeda, para resarcir otro decálogo más, otro orgasmo más, otro más de tus rechazos… Van 411 palabras, hasta acá muere un autor que quiere vivir y entender que la vida continúa, estés o no estés junto a mí…
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