En esa frase se apoyaba en su empeño de construir el socialismo del siglo XXI. De esta manera el chavismo instauró una política para desincentivar la presencia de compañías internacionales en Venezuela, que abarcó casi todos los sectores de la economía y en particular los de construcción, agroindustrial, petrolero, comercial y alimentos. El mandatario empezó a implementar una ley que permite al Estado tomar latifundios o tierras improductivas. Desde entonces, el Gobierno ha expropiado unos tres millones de hectáreas para intentar impulsar la producción agrícola y combatir la pobreza rural. La justificación para ello fue argumentar que se aplicaba la ley contra todas las empresas con pobre rendimiento, indispensables para el avance de sectores claves o que explotaban a los trabajadores, pero los hechos han demostrado lo contrario.