Sin mediar palabras y sin darnos cuenta, nuestros caminos se entrelazaron con una frecuencia cada día mayor, anhelábamos tenernos, unir nuestras manos y al mismo tiempo nuestro corazón. Sonreíamos y también llorábamos, tú me sostenías el alma y me acobijabas, nos servíamos de abrigo en noches amargas, llenabas mis pupilas y me dabas calma... Haciendo amena cada mañana, cada tarde y cada anochecer. Haciéndome elevar y volver caer, no tan cerca del sol para no quemarme, pero sí, más cerca de la tierra para no despegarme... De ti.