¡Ring, ring!

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9y

La luna se acuesta detrás de la montaña cuando dices que me amas. Es nuestra última noche en esta preciosa playa y el frío de la madrugada eriza mi piel mientras tu cercanía calienta mis mejillas.
El oleaje nos susurra cosas bonitas al llegar a la orilla y tú me sonríes.

Una sonrisa,
eso es suficiente para quedarnos aquí toda la vida.
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Me plasmo en ti con un beso que no termina. Caemos a la suave y húmeda manta sobre la arena mientras detenemos el tiempo y nos dejamos llevar por los latidos del corazón, sintonizando el ritmo de nuestros cuerpos. Tus manos pasean como se les antoja por mi espalda y mi boca discute acaloradamente con tu cuello. El frío se disipa y nuestras pieles gozan de libertad en esta ligera oscuridad. El mundo es un lugar acogedor cuando nos convertimos dos en uno... Entonces desapareces.

El oleaje dejó de susurrar y suena un estruendo espantoso,
siento frío.

—¡Despierta, Camila!, ¡despierta!

Mi compañera de cuarto me da golpecitos y me pega la pantalla del móvil al rostro cuando suena la alarma. Son las doce menos cuarto en mi frío apartamento.