Año nuevo en el tren

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Hacemos lo que podemos, ¿verdad? En eso estamos en esta pesadilla de pandemia de la que uno no termina de despertarse otras navidades embozadas más. Embozadas, al menos, y aunque sea un engorro molesto, por parte de quienes se ponen la mascarilla porque alimentan el sentido común y saben que comparten su espacio con los demás en el mismo barco. Un barco existencial que seguirá navegando, mejor o peor, como así fue siempre, cuando nosotros ya no estemos en él y aunque hayamos viajado en primera clase o junto a las sentinas, en la bodega o en camarote suite, en la cabina llevando el timón o limpiando la cubierta, en fin…
Ya hemos vivido en el pasado 2021 un año más la Nochebuena, la Navidad y hoy es ya año 2022. Por eso yo os estoy deseando Feliz Año Nuevo con unos 2022 caracteres, sin trampa ni cartón, con mi humilde verdad en el teclado, como intento hacer siempre -supongo que eso se debe de notar- y aún casi con el gorrito de Papa Noel todavía puesto.
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Feliz 2022

El otro día en el tren, yendo y viniendo de Madrid, con la mascarilla FFP2 incrustada como si fuese ya parte de mi cara, imaginé que las personas que viajábamos en ese AVE éramos una representación proporcional de las personas que viven en mi país, en España, un poco como ocurre en esa serie "Snowpiercer", ésa en la que lo que queda de la humanidad entera cabe en un tren rompehielos; un tren descomunal que no puede dejar jamás de dar vueltas a la Tierra, congelada por el cambio climático. Un enorme tren que tiene representadas en sus vagones las clases sociales y discriminados los distintos contextos que caracterizan la sociedad planetaria. Y yo en mi tren, mucho más pequeño y más real que el de la serie (protagonizada, entre otros actores conocidos, por la maravillosa Jennifer Connelly), empecé a observar y a interactuar como uno más, aunque con la deformación profesional de tener la sensación y, supongo, la actitud, de estar grabando un reportaje para la radio o un documental para la televisión.
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Jennifer Connelly. Snowpiercer

Así sucedió lo siguiente…
No más llegar al vagón de silencio, lo que no sólo te permite echar una cabezadita sino que te protege ya que si no se grita ni se expelen esas famosas "gotículas" que utiliza el virus para transportarse hasta ti e infectarte..., no más llegar, decía, al buscar mi siento me encontré un matrimonio sentado en las butacas adyacentes, al otro lado del estrecho pasillo, y a una señora que no llevaba puesta la mascarilla. Con cierta vergüenza le indiqué que debía ponérsela, pero lo hice con el máximo respeto y educación que fui capaz de escenificar. Me alivió que la señora lo entendiese y que su marido, lejos de enfrentarse a mi, le dijera que era lógico que yo se lo hubiera pedido, y se lo agradecí a ambos diciéndoles que no sólo era por mí sino que, dada su edad, y teniendo en cuenta el comportamiento del virus, la mascarilla probablemente la iba a proteger más a ella que a mí…
Te sientas. El tren comienza a avanzar. Dos o tres asientos más atrás, en el mismo vagón, otra señora, también anciana comienza a hablar por teléfono a voz en grito contándole a alguien que su nuera no entiende a su hijo. Un clásico. Miras hacia atrás y ves que habla con la mascarilla puesta y decides no protestar ni pedirle que salga a la zona entre vagones para seguir renegando de su nuera en voz alta y no hacerlo en el vagón de silencio. Pero somos humanos, piensas, y sigues preparando la entrevista que vas a hacer en el Teatro Español cuando llegues… Al fin y al cabo, estamos en días navideños. Te levantas y vas a la cafetería a pedir un café que te vas a tomar en la zona en que se unen vagón y vagón, cuando no haya nadie y puedas quitarte la mascarilla para hacerlo. Una vez allí miras con más estupor que espanto cómo un hombre de unos 50 años, vestido con traje, se baja la mascarilla para estornudar, lo hace sin cortapisa de manera estentórea y luego vuelve a ponérsela. Cuando es tu turno y la cola avanza, la camarera que había visto la expresión de tu cara te comenta que eso es algo habitual, un extraño comportamiento de algunas personas que la tiene muy preocupada porque ya no sabe cómo evitarlo y la gente que se baja la mascarilla para toser o estornudar no parece maleducada ni violenta, a ella le parece más bien un acto reflejo para no manchar la mascarilla. Un chiste, si no fuera porque la camarera se pasa allí dentro sin poder abrir las ventanillas todo el viaje. Humanidad, humana humanidad…
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Humanidad...

"Y hoy, como cada año y en este tiempo, toca sentarse un momento al abrigo del aroma de un café, pa enumerar las cosas que no hemos logrado en este año que ha pasao, porque incluso del fracaso hay que aprender. Hoy toca hacer balance de un año entero, de lo malo y de lo bueno, y de lo que está por llegar…" La canción suena por uno de los canales al que tienes conectados los auriculares que te dan en el tren, una canción flamenquita del dúo andaluz Ortigosa. Pese a las frustraciones, los desencantos, la presión consumista y los problemas concretos de cada cual, en estas fechas sigues atesorando frente a las dificultades algunas ilusiones y por eso mueves el pie al compás mientras lees en tu asiento. Podríamos hacer una lista, piensas, para cumplirla estos días como regalo de Reyes Magos y devolver todos los abrazos que no hemos dado...

Ortigosa. La Navidad junto a ti

Pese a todo, quizá en estas fechas tengamos un propósito que cumplir junto a quienes queremos y a quienes entendemos y nos entienden, quizá junto a usted, junto a ti…
Por eso, lo dicho: ¡Feliz Año Nuevo!

(c) Domi del Postigo / www.domidelpostigo.es

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