Las bizarras aventuras de Alan
En un lejano rincón del mundo hay un pequeño pueblo alejado de la mano de dios… En dicho pueblo la vida era bastante tranquila, casi se podría decir que rozaba lo absurdo del aburrimiento. Al ser un pueblo pequeño las actividades no eran muy variadas y por sobre todo, la gente se conocía de toda la vida, lo cual no ayudaba en lo más mínimo a salir de la monotonía.
De entre todas aquellas personas de vida simple, había una única persona que parecía vivir todo a su propio ritmo, siempre en busca de aventura para salir del aburrimiento, incluso si esto significaba meterse en problemas. Aquella persona es un pequeño chico común y sin grandes rasgos relevantes llamado Alan.
Con sus escasos 12 años de edad, un cuerpo decentemente formado debido a las actividades del campo, pero de estatura dolorosamente promedio, una voz chillona pero rasposa como todo adolescente en plena formación, de piel suavemente quemada por el sol, cabellera castaña promedio desaliñada, ojos grandes color azul claro y con ese brillo típico de alguien siempre está en busca de aventuras.
Aun siendo muy joven, siempre se metía en problemas, lo cual le fue desarrollando un carácter desafiante y curioso, encontrando las mas alocadas soluciones a cada uno de esos problemas en los que se metía y gracias a que su padre era básicamente el borracho del pueblo, tomó parte de su humor sarcástico y poco convencional.
Un día común como cualquier otro, llegaron al pueblo un par de mercaderes ambulantes con una gran cantidad de mercancía de todo tipo. Al tratarse de Alan, no puedo aguantar la curiosidad y siguió lo que sus instintos le dictaban. Espero al momento en que más público obtuvieron dichos mercaderes para colarse por la parte trasera de su caravana y empezar a husmear en las cosas.
Lo primero que llamó su atención de entre aquella gran colección de artilugios, fue un pintoresco libro polvoriento, apartado del resto de las cosas y protegido fielmente dentro de una pequeña cúpula de cristal sobre un pedestal de piedra que pareciera haber sido construido a la medida para dicha carreta.
Al acercarse y examinarlo detalladamente, Alan se percato de que no había un mecanismo de apertura aparente ni en el cristal, ni en el pedestal, lo que automáticamente despertó en su totalidad la curiosidad de Alan.
Luego de algunos minutos examinando con detenimiento e intentando sin éxito acceder a aquel curioso libro y justo cuando estaba por darse por vencido, descubrió una pequeña base al lado del pilar con la forma de una mano y sin siquiera pensarlo, casi como si estuviera hipnotizado, coloco su mano en ella para descubrir que no solo parecía ajustarse al tamaño de su pequeña mano, sino que además comenzó a girar levemente el pilar.
Tras unos breves instantes, el pilar termino de dar un giro completo y en ese momento la cúpula de cristal se ilumino dando un espectáculo de colores y finalmente dando acceso al pintoresco libro que parecía haberse limpiado de toda suciedad mágicamente. Aquel místico libro levito por si solo hasta colocarse frente a Alan, se abrió lentamente y lo primero que mostró fue una simple pregunta con una línea dibujada claramente para la respuesta.
-¿Quién desea participar en esta mágica aventura?
Dichas palabras resonaban en su cabeza, era como si alguien se las estuviera susurrando directamente al cerebro, Alan se percató rápidamente de que no tenía mucho tiempo, pues aquel espectáculo de luces había llamado la atención de la multitud afuera de la carreta, sin embargo, sin importar lo que hiciera no lograba cerrar o tan siquiera mover aquel libro.
Decidió cambiar de estrategia y buscar algo con lo que escribir en dicho libro, después de todo si de igual forma lo iban a descubrir y reprimir por hacer una travesura, al menos quería saber que pasaba con aquel extraño libro. Sin éxito y finalmente resignado a ser atrapado en plena travesura, volvió a escuchar aquellas palabras.
-¿Quién desea leer esta mágica aventura?
Finalmente, respondió del mismo modo que escuchaba aquella voz… Desde su mente.
-Alan
En ese momento su nombre se escribió solo como por arte de magia en aquella línea vacía y antes de poder reaccionar una enceguecedora luz blanca lleno todo… Tan brillante e intensa que a los pocos segundos eso era lo único que había a su alrededor… Un vacío, pero acogedor resplandor de luz pura.