Hay expresiones que se vuelven tan cotidianas que terminamos incorporándolas al habla sin detenernos a pensar en el peso real que cargan. En Cuba, decir que vivimos en «el país de las trabas» no es una exageración ni una queja gratuita; es la descripción exacta de una rutina marcada por el desgaste. Cada paso, por simple que parezca en cualquier otro lugar del mundo, aquí se convierte en un laberinto de burocracia, esperas y puertas cerradas.
El desgaste comienza desde el momento en que intentas resolver cualquier gestión oficial. Una cita médica que demora meses, un trámite en el registro que exige papeles impossibles de conseguir, o la simple necesidad de actualizar un documento se transforman en una prueba de paciencia y resistencia. Parece que el sistema estuviera diseñado para poner obstáculos en lugar de facilitar la vida de las personas. Y lo peor no es solo la lentitud, sino la sensación constante de que tu tiempo y tu esfuerzo no tienen ningún valor para quienes deberían dar una solución.
Pero las trabas no están solo en las oficinas o en los pasillos de las instituciones; se han metido hasta la cocina de nuestras casas. La alimentación diaria se ha vuelto un rompecabezas interminable. Resolver qué poner en la mesa cada día implica malabarismos económicos, caminar bajo el sol buscando dónde hay algo disponible, y lidiar con precios que superan con creces cualquier ingreso real. Las opciones se reducen, la escasez aprieta y la energía mental que consume el simple hecho de subsistir es agotadora.
A esto se le suma una realidad igual de frustrante: las puertas cerradas al desarrollo personal y profesional. Cuando quieres emprender, cuando buscas legalizar un pequeño proyecto con el esfuerzo de tu familia, o cuando simplemente deseas avanzar y crear algo propio, te encuentras con un muro normativo y material que frena cualquier iniciativa. Las trabas económicas y legales asfixian las ganas de crecer. Te obligan a remar contra corriente perpetuamente, sintiendo que por mucho que te esfuerces, el terreno siempre está inclinado en tu contra.
Vivir así exige una dosis tremenda de resiliencia. A veces uno se detiene a pensar en cuánto potencial se pierde en el camino, en cuántas ideas se quedan en el tintero y cuánta vida se nos va en apagar fuegos cotidianos. Sin embargo, seguimos aquí, buscando alternativas, apoyándonos en los nuestros y encontrando en la familia y en los pequeños refugios del día a día la fuerza para continuar. Porque a pesar de tantas trabas, la dignidad y el deseo de salir adelante siguen intactos.
Agradecimiento especial para #BBHPROJECT