Hace tres años por un mes de noviembre de 2016, a las tres y media de la tarde como de costumbre me encontraba en mis labores de hogar dentro de mi apartamento, estaba algo molesta a causa de los perjuicios causados por el vecino del piso de arriba, quien realizó unas remodelaciones en su apartamento afectando mi inmueble, habiendo causado una filtración de agua. Se le había dejado pasar una falta antes, la cual volvió a repetirse por segunda vez, el mal vecino no respondió por los daños ocasionados, se hizo el desentendido del asunto, y finalmente optó por vender el apartamento a escondida para no enfrentar la parte legal.
Figura 1: Composición gráfica a partir de imágenes libres de pixabay
A todas estas suena el timbre de la puerta y al abrirla, era mi esposo, él había dejado sus llaves adentro, él bajaba del piso de arriba, después de haberle participados a los nuevos vecinos sobre la situación de filtración, como precaución en caso de que el antiguo dueño lo hubiera ocultado, a manera de trampa para mi sorpresa, mi esposo me pide ayuda diciéndome que en el pasillo se hallaba un Colibrí revoloteando, que chocaba con el vidrio de la ventana al intentar salir, le respondí que si no era capaz de darle ayuda a un animalito indefenso, quien me responde que le daba miedo su pico largo, que él sabía que los animales se daban fácil conmigo, y yo sin pensarlo mucho me avoqué de inmediato al pasillo a prestarle ayuda y al verlo como se daba repetida mente contra el vidrio de la ventana, lo vi tan frágil y muy cansado de tanto estar revoloteando y estrellándose con el vidrio, sentí mucha compasión en ese momento, hice empatía, empecé hablarle que por favor me permitiera ayudarlo, inmediatamente me agaché a socorrerlo y le dije que iba a abrir mis manos para que por favor volara más alto y dejara caer dentro mis manos su cuerpecito, que yo no podía agarrarlo con mis manos directamente porque mis manos eran también pequeñas y no quería lastimarlo por lo diminuto que era.
Figura 2: Composición gráfica a partir de imágenes libres de pixabay
Observé y noté su cansancio, estaba débil de tanto volar y lo que más sorprendente fue que el colibrí me entendía todas las instrucciones que le daba, lo que hice fue colocar las manos abiertas en la pared de la ventana y el Colibrí voló un poco alto como se lo sugerí y se dejó caer dentro de mis manos, extendió sus dos hermosas alas que sobresalían de mis manos, no lo podía creer en ese momento lo que estaba sucediendo, era como si nos conocíamos, porque posó con toda confianza en mis manos, como si entendiera mis instrucciones tal como le indicaba, que por favor no fuese a volar antes de llevarlo hasta la otra ventana, me levante lentamente y a paso lento lo llevé y le dije, que reposara unos minutos para que agarrara fuerza para que pudiera volar de nuevo, que lo hiciera lo más alto posible para que ningún gato se lo fuera comer, tal cual lo hizo, se quedó unos minutos en mis manos como si estuviera muerto hasta que se sintió seguro para emprender de nuevo su vuelo aquella ave diminuta, estando ya al otro lado con la ventana abierta, hizo su vuelo y por unos segundos quedó suspendido en el aire, mirándome como agradecido por lo que hice de socorrerlo cuando más lo necesitaba. La experiencia fue la más hermosa que hice con mi bello Colibrí.
Figura 3: Composición gráfica a partir de imágenes libres de pixabay