Mi primer amor
Al día siguiente volví con mis primos desde la mañana, era domingo y ellos acostumbraban a salir de tragos. Se instalaron en la cancha de bolas criollas y comenzó la partida, yo era el encargado de buscar las cervezas para ellos y lo hacía a placer porque mi intención era ver a Mariana; no fue sino hasta bien entrada la tarde, que se deja ver, junto a sus tías se acercaron a disfrutar del juego, fue una tortura para mí porque no podía acercarme, solo debía conformarme con mirarla y ser mirado por ella. Pero pronto la alegría se hizo presente, llegó mi cuñada y me llamó hasta donde estaba, sin dudarlo me acerqué y poco a poco sus tías también lo hicieron, llegando Mariana a mi lado, y aunque no hablábamos directamente sabía que era cuestión de tiempo para que sucediera.
Al cabo de una hora, fuimos quedando solos mi cuñada, ella y yo, y es en ese momento donde ella me dice que buscará la manera de salir para vernos, pero que por ahora evite subir con frecuencia. Me tocó hacer caso a su comentario, me despedí, monté mi moto y me fui. Al otro día, hablaba con mi gran amigo de la infancia, César, le contaba mi situación con mi novia y él me dio la idea más brillante, algo riesgosa pero valía la pena, me dijo que me daría prestada la llave del rancho que cuidaba para que llevara a mi novia allí, él dejaría todas las luces exteriores apagadas para evitar nos vean entrar y salir de la propiedad. Este rancho quedaba a 500 metros de la casa de la abuela de Mariana, por tanto no sería complicado moverse. Naturalmente acepté la ayuda de mi amigo, ahora solo debía convencer a mi novia de que aceptará salir de casa.
A la mañana siguiente ya tenía todo organizado en mi cabeza, y sin dudarlo recurrí a mi cuñada para hacerle llegar el mensaje a Mariana,desde ese momento la novia de mi hermano se volvió nuestra cómplice y nos ayudaba en todas las escapadas futuras. Mariana dudó en aceptar mi propuesta al inicio, pero en vista de que no teníamos otra opción, aceptó llena de miedo fugarse en las noches de su casa. Llegó el gran día, después de tantos meses la tendré junto a mí, con ese pensamiento fui hasta la casa de César por la llave del rancho y para mi sorpresa no lo conseguí, estuve alrededor de tres horas buscándolo por todo el pueblo, hasta que por fin dí con él, al verme se disculpó, había olvidado que yo iría por la llave.
Ya con la llave en mi poder, solo tenía que esperar el anochecer, nos encontraríamos a partir de las 11:00 PM. Yo llegué primero al rancho para verificar de que todo saldría bien, evitar cualquier sorpresa, a parte de que me tocaba apagar la moto 200 metros antes de llegar para que los vecinos no se percataran de que alguien estaba entrando. Faltando 15 minutos para la media noche llega Mariana, el corazón me iba a explotar de la emoción, la tenía delante de mí, solos en la oscuridad de la noche. Entramos al rancho y solo teníamos una pequeña cama, pero quien quiere sentarse después de tanto tiempo sin vernos a solas, las palabras sobran, besos y abrazos era lo que fluía en ese momento, no sé cuánto tiempo pasó, pero al final nos sentamos a charlar en la cama.
Esa noche, fue la primera vez que realmente hablamos de nuestros sentimientos y al final, entre tantos besos y caricias, terminamos haciendo el amor, sí, ambos perdimos nuestra virginidad, un momento muy especial y que al día de hoy lo recuerdo como un gran tesoro que me fue dado en aquellos años. El tiempo se hizo corto, al ser las 3:30 AM ella debía volver a su casa, así que la acompañé hasta donde pude y nos despedimos, regresé por mi moto y me fui a mi casa. En la tarde siguiente, me encontré con César para devolverle la llave, y este me dice que cuando la necesite la pida nuevamente, y de una coordine con él para que me la dejara a disposición oculta en el rancho, en un lugar que solo él y yo conociéramos, y así fue, cada vez que la requería solo debía buscar en el sitio que ya conocía. Durante un año mantuvimos nuestros encuentros a escondidas, nos veíamos hasta dos y tres veces por semana, y al llegar el día, ninguno trataba al otro, actuábamos como dos desconocidos, esto para evitar que nos relacionasen.
Los encuentros en el rancho terminan, porque una noche, mientras la acompañaba de regreso a su casa nos encontramos de frente pero a la distancia, con un tío de ella, claramente él nos ve y se da cuenta de que nosotros también lo vemos, estaba acompañado por una mujer, fácil deducir que andaba en las mismas que nosotros, así que a pesar del nervio por lo que podía pasar, solo nos quedó esperar al día siguiente para ver que pasaría. Como era de esperar, nada ocurrió, su tío guardó silencio ya que él también fue descubierto por nosotros siendo infiel, estaba casado y no le convenía se supiera su secreto. Pero esto cambió el escenario por completo, Mariana ya no quería seguir exponiéndose al salir de noche, y me dice que ahora es mi turno, que soy yo el que debe entrar a su casa.
Si quieres conocer el desenlace de esta historia, sigue atento a mi próxima publicación y sabrás a donde nos llevaron tantas miradas.
Te invito a leer Cuando Hablan las Miradas | Capítulo I
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