Estas fotos fueron tomadas el domingo 28 de junio con mi Samsung A53 y no fueron retocadas.
El domingo decidí subir al Volcán. Para los que no saben, en Venezuela no hay volcanes, es solo el nombre de una pequeña montaña cerca de mi casa en Caracas.
Me gusta este lugar porque amo la montaña, su clima y la paz. Algo que también me hace preferirla a la playa, es que hay menos gente. La mayoría en mi país prefiere la playa y siempre están congestionadas. Hay bulla y es difícil sentir la paz que se siente en la montaña.
Necesitaba ese contacto con la naturaleza, aunque al día siguiente del terremoto, pasé toda la tarde en la colina de mi casa, rodeado de pinos y nada de personas. La naturaleza me calma, me reconecta y me aleja de pensamientos destructivos.
Este terremoto no solo fue físico en el terreno, también lo fue en las emociones. He sentido muchas y estoy seguro que a todos nos pasó. Quizás en otro post hable de todas esas emociones. He querido que pasen los días, para no publicar en caliente mientras las siento.
Hoy solo quería compartir estas imágenes y reflexionar de cómo la naturaleza puede darnos paz y a la vez ser tan violenta y destructiva.
Son más de 60 fotos. Cada segundo se ponía más bello. Cada ángulo me obligaba a detenerme. Al final también les dejo otras (que no son mías) de dos días después (ayer) del cielo de Caracas, en un atardecer único.