El 16 de enero de 2026 recibí el primer pago de un trabajo que conseguí. Aunque no lo parezca, el primer salario es un momento significativo en la vida de cualquiera. Es una especie de rito de paso que simboliza la posibilidad de disfrutar de algo que realmente te gusta. Decidí comprar algo que tenía en mente desde hacía tiempo: una pizza, una que fuera verdaderamente deliciosa.
Curiosamente, las pizzas no me gustaban hace unos años. Me causaban asco, quizás por el queso o la masa. Recuerdo la primera vez que vi una pizza; la combinación de ingredientes y la textura del queso derretido no me parecían atractivas en absoluto. Lo único que sabía era que no me iba a comer eso. Sin embargo, un amigo me compró una pizza un día, y para no despreciar el regalo, me la comí. Fue un acto de cortesía que cambió mi perspectiva. Ese fue el momento en que comenzó mi afición por las pizzas.
Volviendo a la "aventura" del día del cobro, me dirigí a la pizzería cerca del puente del casino. Este lugar es bastante conocido en la zona. Allí hay dos pizzerías: la que tiene precios más bajos no es muy visitada, mientras que la de precios más altos tiene una enorme cola de clientes. La diferencia entre ambas no solo radica en los precios, sino también en el tamaño de las pizzas. ¿Por qué será esto? A mí no me lo pregunten, pero lo que sí sé es que las pizzas de allí son bastante grandes. La primera vez que pedí una, creí que se habían equivocado en el pedido y que habían entendido "doble queso" en vez de "queso", pero no fue así. Las pizzas de queso son tan grandes que una mano no es suficiente para sostenerlas (en mi caso, obvio). Me comí una de esas pizzas y quedé bastante llena, algo que es difícil para alguien como yo.
El procedimiento para ordenar la pizza es un poco enredado. Se marca para hacer el pedido y luego se completa cuando se llega frente a la barra. Después, hay que pedir el último en la cola de quienes están esperando para recoger sus órdenes. Es un enredo, pero los cubanos estamos acostumbrados a hacer colas; es parte de nuestro día a día. El ambiente suele estar lleno de risas y conversaciones animadas. Luego hay que esperar a que la dependienta saque la bandeja con pizzas hasta que llegue el turno de recoger la orden. A veces, esto puede tardar hasta una hora, ya que la gente suele ordenar varias pizzas para llevar. También está el tema de los agregados; dependiendo del extra que elijas, ya sea cebolla, jamón o salchicha, el tiempo de espera puede variar.
Finalmente, llegó mi turno frente a la barra. Cuando tuve la pizza en la mano, dejé atrás "La Caprichosa", que es como se llama el lugar, y me dirigí al parque cercano, conocido como Parque de las Leyendas. Este parque es un sitio agradable donde la gente suele reunirse, disfrutar de la brisa y pasar un buen rato.
. I ate one of those pizzas and was quite full, which is hard for someone like me.
The procedure for ordering pizza is a bit tangled. You call to make the order and then complete it when you reach the counter. After that, you have to ask the last person in line who is waiting to pick up their orders. It’s a mess, but Cubans are used to standing in lines; it’s part of our daily life. The atmosphere is usually filled with laughter and animated conversations. Then you have to wait for the cashier to bring out the tray with pizzas until it’s your turn to pick up your order. Sometimes this can take up to an hour since people often order several pizzas to go. There’s also the issue of extras; depending on the topping you choose, whether it’s onion, ham, or sausage, the waiting time can vary.
Finally, it was my turn at the counter. When I had the pizza in my hand, I left behind "La Caprichosa," which is the name of the place, and headed to the nearby park known as Parque de las Leyendas. This park is a nice spot where people usually gather, enjoy the breeze, and have a good time.
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Many say these are the best pizzas in Camagüey because in other places, prices are higher, but the pizzas are thinner. Some argue that true pizzas should be thin, but I prefer those with a lot of crust, as they fill me up more and are more satisfying.
Recently, the price went up, so I’m glad I was able to enjoy it that day, because I might not be able to do so again. I will have to invest in other types of food or in cheaper pizzas that won’t have the same quality. This first salary not only allowed me to enjoy a delicious pizza but also made me reflect on the importance of valuing those small pleasures in life.
Text written by me. All photos are my property. Translation into English with Luzia.