Fuente de la Imagen
Capítulo: 2- El Conflicto
Sin muchos titubeos, camino derecho hacia el mar de cuerpos en descomposición calcinados por el fuego. Mi resolución es fuerte en mi mirada, sin embargo, todo mi ser se aferra a un grito incontrolable, de que salga corriendo de ahí y no voltee la vista. Mi cuerpo tiembla a cada paso que voy dando, hasta que sin darme cuenta ya estoy frente a él, en la entrada de tan horrible lugar. Mi viejo paciente Rudolf Lizter, sus ojos no podían mostrar más nada que aquella mirada perdida y sedienta de sufrimiento, como la primera vez que nos vimos. Su respiración es agitada, está cubierto de sangre, pero, aun así, este bastardo siempre encuentra una manera para proyectar ese aire de superioridad, esa despreocupación ante todo lo sano de este mundo.
Noto como me mira, ha pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos. Pareciera que quisiera engullirme con esos tétricos ojos negros, siendo su sonrisa lo más enigmático. Ya no es como antes, no es aquella sonrisa de maniaco sin ataduras, ni siquiera la de aquellos criminales que están a punto de ser ejecutados y reflejan el mismísimo rostro de Lucifer. Es la sonrisa de un hombre viejo y demacrado por sus actos. Sera una buena señal o solo otro de los numerosos trucos de esta serpiente. Ya he aguantado suficiente tanto escrutinio por parte de su inquisidora mirada. Me toca romper el silencio de una maldita vez.
Estoy aquí Rudolf, suelta a los rehenes, detén esto antes de que consigas que te maten. Si queda algo de cordura en ti…piensa en ya sabes quién.
Ya escucharon al hombre estimados caballeros, siempre dando órdenes, incluso el día de su funeral. Bueno querido amigo (tose y traga saliva) …disculpa mis achaques, ya no somos lo que solíamos ser. (ríe, pero se nota una gran molestia en su rostro) acompáñame a dentro. A nuestro único y verdadero hogar. Recuerda que Mari necesita ayuda, ya sabes un pequeño problema ocular. (vuelve a esbozar una sonrisa de antaño)
Aprieto mis puños como nunca, todo mi miedo pasa a ser rabia. Y acepto entrar con un único objetivo en mi cabeza. Con el cual, llevo un buen tiempo fantaseando. Matar a esta criatura de una maldita vez. Lentamente nos adentramos al recibidor del Sanatorio, donde diviso a dos internos sosteniendo a una chica.
Suéltenla hermanos, adiós querida Marie, fue un placer tocar tan bello rostro. Espero que nos veamos pronto.
La joven no tiene ningún rasguño en su rostro, solo esta aterrada. La trato de abrazar para que entre en calma. Pero su cuerpo no cesa en temblar. Noto al mirarla más detalladamente, que la pobre se ha orinado encima y que su rostro esta igual de pálido que un cuerpo.
Que paso con su rostro…tu dijiste.
Feliz día de los inocentes (bosteza de manera sarcástica y se acerca hacia mi) por aquí dulzura apresura ese trasero ajustado.
Roza su mano sobre mi muslo, acto el cual repelo con un movimiento brusco.
Quítame tus manos de encima. (aprieto los músculos ya contraídos de mi rostro)
Cuál es el problema acaso te toque algún nervio (sonríe y apunta con uno de sus dedos en dirección al interior del pasillo) Veraz maldecir no te llevara a ningún lado, porque ahora estas en el mundo real donde los lunáticos han tomado el lugar, así que el festín de los tontos comience.
Con Marie a un abrazada a mí, sus secuaces me empujan a seguirlo al interior del pasillo. Llegando al ala de reclusión. Las puertas al abrirse me deparan un panorama digno de pesadilla. Con enfermos mentales balbuceando en cada rincón, también con varios obreros y enfermeros decorando el lugar con sus viseras. Otros han corrido con la buena suerte de haber sido encarcelados en las prisiones. Ni se imaginan la envidia que les profeso ahora mismo.
Dijiste que ibas a soltar a todos los rehenes maldito enfermo.
Una presencia entre las sombras del lugar se acerca a nosotros. Es una mujer la cual toma la palabra mientras enciende un cigarrillo.
Algunos insistimos en quedarnos doctor, soy Ruth Adams una de las nuevas psiquiatras del sanatorio. Su remplazo. (en su rostro hay marcas de lucha, pero también una mirada idéntica o peor a la de los enfermos).
Se quedaron cumpliendo sus deberes mi querido Helmut. Cosa que no pudiste hacer. Y hablando de deberes parece que alguien acaba de hacer sus deberes en el piso.
A lo lejos diviso a uno de los pacientes más viejos del lugar. El profesor Mirov Stolik, en medio de un charco de orina con una baraja de tarot en sus manos. Stolik quien llego a ser un importante doctor en Varsovia, fue prisionero en uno de los campos de concentración de los alemanes en la Segunda Guerra Mundial. En aquel lugar Stolik perdió la cordura. Vio morir a su mujer, hermanos y amigos. La vida no conforme con tanto sufrimiento hizo que Stolik fuera forzado por un pelotón de soldados soviéticos a canibalizar a una joven mujer polaca y sus niños.
Siendo un experto cirujano, los soviéticos le ordenaron preparar la carne de aquella familia, debido al crudo invierno y la falta de reservas. Stolik nunca recupero su cordura tras esto. Y se volvió peligroso. Tras lograr escapar del campamento ruso. Se convirtió en un engendro que vagaba por Europa. Comiendo los restos de personas muertas en los cementerios. Hasta que fue capturado en las cercanías de Austria y trasladado hasta aquí. En mi opinión la única alma de este lugar que realmente merecía una segunda oportunidad.
Lo siento Rudolf, son demasiadas opciones, demasiadas (respira nervioso y agitado Stolik)
Tras esas palabras la doctora se acerca a Stolik dándole una moneda para que juegue. Mientras se acerca a nosotros.
Hemos eliminado las dualidades en la vida de Stolik, creando dualidades (ríe sarcásticamente) sé que pensaras que estoy loca. Pero soy más inteligente que usted doctor, vera, Stolik necesitaba desesperadamente separar sus recuerdos y personalidad tortuosa a través de la creación de una nueva criatura. Y en teoría ni siquiera una criatura bastaría. Por tanto, necesitaba más dualidades, mas personalidades, mas criaturas, bellos vástagos de su floreciente mente. Por tanto, le dimos una baraja del tarot, 78 absolutos con los cual regir su vida. Cada carta es una personalidad de la mente de Stolik, con la cual puede desprenderse de sus tan propensos pensamientos pecaminosos. Durante estos últimos años, cada carta se ha ido destruyendo o fusionando. Dando al traste con un nuevo Stolik. Un hombre libre en apariencias. Pero atrapado en mente. Hasta hoy, claro está.
Pero parece estimada colega, que su terapia no es más que una autentica basura. Solo ha conseguido destruir la personalidad del doctor. Ni siquiera es capaz de tomar decisiones simples.
Siempre tan visual doctor y nunca tan cerca de la verdad. Hay veces tenemos que tocar fondo para poder reconstruir. Así es la verdadera psiquiatría Helmut. La que me enseño mi padre. El dueño y fundador de este maldito lugar. El doctor Dolver.
Dolver ha regresado de su viaje por Europa hace 29 años atrás. Ha recibido las enseñanzas de grandes maestros en la psicología moderna. Pero sin embargo algo lo aqueja.
En otoño de 1920 viaje por toda Europa conociendo mentes brillantes y sus teorías en el campo de la psicología humana. Entre ellos al prestigioso doctor Karl Jon, con el cual compartí cientos de teorías en las noches estrelladas de los cafés de la luminosa Paris. Mostraba mi entusiasmo desmedido en querer ayudar a las mentes solas y deformes de tan basto mundo, sin embargo, Jon siempre me miraba con aquel rostro. Que reflejaba una mirada cruda a la vida y que quizás había casos que escapaban de nuestras manos y no merecían la pena. Sin Jon mi labor preparándome para mi labor en Wiglet, la ciudad de mi familia. Nunca hubiera funcionado. Ya había llegado el gran día de regresar a mi antigua casa, de repente el teléfono sonó, la policía me avisa del escape de Matt Nille, mi antiguo paciente en la capital, querían conocer mi opinión sobre su estado psicológico, me limite a responder que era solo un tipo peligroso y que se lo dejaba todo a ellos. En aquel momento no pensaba con claridad estaba tan entusiasmado en regresar a mi ciudad y por fin hacer realidad mi sueño. Evito cualquier mención al tema y a mi pequeña hija le doy un bello reloj que traje de Paris. Quizás la haga olvidar las pesadillas que tiene por la noche. Ella es tan hermosa e inteligente y luego recuerdo que todos los niños inteligentes tienen pesadillas.
En la actualidad en el Sanatorio
Aquella mujer no puede ser la hija de Dolver, no puede serlo, debe estar profundamente trastornada. Su hija había muerto hacia años. No puede ser ella. Trato de enfocarme y no caer en las provocaciones de los maniacos que me rodean. Sostengo lentamente a Marie quien no ha dejado de apretar mi brazo todo el camino hasta esta sala. Le acomodo mejor y dirijo mi vista hacia la doctora. Me percato que en mi discusión con ella Rudolf se ha marchado y nos ha dejado prácticamente solos junto con ella y los demás pacientes. Ya que tampoco diviso a los secuaces de él. Creo esta podría ser la oportunidad para poner fin a todo este infierno, a toda esta sangrienta carnicería dejada por nuestro señor en la Tierra.