¿Recuerdan la primera Canutada? Aquí comienza otra tertuliada con el juguetón, cascarrabioso y medio sordo Canuto.
- Josefita mija, ven acá -gritó Canuto-. Ahí como que llegó una limosina; averíguame quién es...
- Es Rene, su sobrino -respondió Josefita-.
- ¿Qué me trajeron un litro de vino? ¡Qué bueno caray!
- Écheme la bendición tío -se escuchó la voz de René-. ¿Cómo me le va tío Canuto?
- ¿Que yo me estoy poniendo bruto?
- Que me bendiga -asintió el muchacho, mientras juntaba las manos en posición religiosa-.
Ahora sí el Canuto pudo decir:
- Dios te bendiga, te favorezca y te guarde mijo. ¿Y cuándo llegaste? ¿Dónde estabas?
- Estaba trabajando en Perú.
- ¿En Isnotú? Esa madre tuya si es alcamunera, me dijo que estabas en el extranjero.
- Sí tío estaba en el exterior.
- ¿Que me trajiste un interior? Te lo agradezco muchacho, ¿son de esos que llaman bolsel? Los que tengo son manga larga y están ya huecudos -bromeó Canuto-.
René se habló para sí mismo: "Pobre tío". Luego procedió a presentar a su esposa.
- Ella es mi esposa Zoilita tío.
- Encantado. ¿Y por qué la llamas zorrita mijo?
- Ella se llama Zoila Cabrera
- Va pues muchacho, ¿y ahora le dices ramera? ¡Ay muchacha discúlpalo, ¿ y cómo te sientes aquí?
- De maravillas tío -dijo Zoila-. De maravillas.
- ¿Que te duelen las canillas? Eso es por el viaje.
- No tío, que me siento a gusto -respondió Zoila-.
- ¿Que tienes muy grande el busto? Jajaja si ya lo noté. Más bien te vez pechugona, con el permiso aquí del sobrino jejeje.
En eso intervino René:
- Tío nos vamos a quedar aquí esta noche.
- ¿Que me van a pasear en el coche?
- ¡Ay tío, cada vez oye menos!
- ¿Ese carro no tienes frenos? No me monto. Yo estoy viejo y sordo, no loco.
Zoila volvió a hablarle:
- Le trajimos un par de zapatos.
- ¿Para qué quiero y un par de gatos? Si no me cuido ni yo mismo. Josefita indicales a los muchachos donde van a dormir.
- Ya los ubique abuelo -contestó Josefita-.
- ¿Cómo que van a dormir en el suelo? Esta muchacha siempre con sus imprudencias jejejeje.
- Bueno tío nos vamos a echar un baño -dijo René-.
- Pero si yo no te eche un regaño, lo que estoy es medio sordo.
- Será sordo y medio -bromeó el jovencito-.
- ¿Que yo no tengo remedio? Jejeje estos muchachos si tienen vainas. No juegue.
Aquí concluye otra canutada. Cocodite los espera en la próxima entrega, siempre con la bendición de Dios.