La casa de los Santamaría era escenario de una reunión precipitada por el curso de los recientes acontecimientos.
Se respiraba un ambiente de gran tensión y había un silencio sepulcral. Allí estaban: Juan Andrés Santamaría, su esposa Martina, sus hijos Juan Alberto, María Virginia y El Jolbert, además de Doña Patricia madre de Martina.
La encargada de romper el hielo fue Martina, con voz quebrantada y con cara de derrotada:
- Quiero que sepan que mi vida no es una tacita de oro, ni tan perfecta como todos creen -dijo-. Yo también he cometido errores y les pido perdón a todos.
- Pero mamá, ¿qué sucede? -dijeron al unísono Juan Alberto y María Virginia-.
- Juan Andrés no es el verdadero padre de Jolbert.
- Mamá, tú que te presumías como ejemplo de honestidad y dignidad, ¿cómo le hiciste eso a mi padre? -preguntó María Virginia claramente impactada y afectada-.
- No juzguen a su madre, yo también he fallado -replicó Juan Andrés al tiempo que abría la puerta y entraba una jovencita-. Ella es Rosa Virginia su hermana, hija de Rosa la pegajosa.
- ¡Qué bien papá, tú que eras el perfecto, que hablabas de moral, te atrevías a censurar a los demás.
- Perdónenme... Y espero que acepten a Rosa Virginia como su hermana.
En ese momento, Juan Alberto, caminó hacia la puerta y la abrió mientras decía:
- Entre sorpresa y sorpresa les presento a mi novia Cristina.
Seguidamente entró una joven hermosa colgada del brazo de un jovencito pintoresco. Entonces interrumpió María Virginia:
- Yo también tengo algo que confesar... Este joven es mi novio -y tomó de la mano a Fabio, hermano de Cristina-.
Martina no aguantó más y cayó sentada como un robot. Sabía que estaba pagando el precio de su aventura, y que no podía imponer su voluntad como estaba acostumbrada; que debía aceptar todo aquello religiosamente.
Entonces habló El Jolbert que estaba extasiado contemplando el espectáculo:
- Yo también tengo mi trompo enrrollao -expresó, mientras presentaba a su novia Marisol, que era hermana de Rosa la pegajosa-.
Todo aquello era el acabose para Martina, quien se levantó y miró a su madre mientras decía:
- ¿Cuál es tu sorpresita? Porque falta la ñapa.
- Pues sí hija, yo también tengo rebusco. Cuando murió mi amado esposo, que Dios tenga en su santa gloria, se acercó a mi un señor muy respetuoso que también había enviudado, y se ganó mi cariño y admiración...
En ese momento entró un caballero a la casa:
- Él es José Armando, mi pareja... Por cierto, es el padre de Rosa la pegajosa...
Y se escuchó el grito de El Jolbert:
- ¡Qué bueno que todo quedó en familia jajajaja!
Martina no resistió más y cayó desmayada. La vida le había cobrado su soberbia y ahora comería de sus hígados...
Y así termina esta desgarradora steemit-novela arrancada de la vida misma, donde triunfó el amor por encima del odio, las diferencias sociales, la manipulación, el desprecio, la prepotencia, dejando una enseñanza: la vida hay que vivirla con amor, respeto y mucha humildad.
¡AL FIIIIIIIINN!
A continuación los capítulos anteriores:
Censura de amor. Capitulo 1
Censura de amor. Capitulo 2
Censura de amor. Capitulo 3
Censura de amor. Capitulo 4
Censura de amor. Capitulo 5