¡Feliz tarde! Queridos lectores.
No les ha pasado que se sienten bien, en todos los sentidos, y de repente ¡pum! viene algo inesperado, que hace que esto cambie. Llámese momento inesperado o cambio repentino, este algo hace que todo cambie en su totalidad, y simplemente dejas de sentirte cómo sentías.
Algo así fue esta semana para mí. Empecé la segunda semana de clases y créanme, no fue sencillo, pero lo fue y es lo bueno de los malos momentos: solo duran lo que nosotros queremos que duren.
Entre una cosa u otra, ocupé tanto mi mente, que si acaso revisaba mi blog y mis favoritos en esta comunidad. Regresaba a casa un día menos animada que otras veces, o viceversa. Simplemente quería llegar a casa, estar tranquila, en silencio y dormir la cantidad de horas que sean posibles. Aunque hasta esto último parecía imposible, ya que ni conciliar el sueño podía: me levantaba a cada momento a revisar el teléfono porque algo me decía que perdería la alarma, ¡y así fue! Me levanté tarde la madrugada del jueves y lo que normalmente hago en una hora y media, lo tuve que hacer en 40 minutos (para una mujer se traduce a 10 minutos)
Aunado a las situaciones que se salieron de control y me tomaron desprevenida, se sumaba que iba a la universidad temprano y: o los profesores no iban, o perdía tiempo entre una clase y otra; no conseguía efectivo y por lo tanto el regreso a casa se hacía más pesado, y les aseguro que muchas cosas más.
Literalmente, quedaba así.
Se preguntarán, ¿y qué con todo esto que les cuento? Particularmente, busco darle la vuelta a cada situación irregular que vivo, y aquí es a donde quiero llegar. No todos los problemas los podemos resolver, tenemos que dejar que el agua fluya y vuelva a su cause y es algo que aún no entendemos. Y los que si, pues simplemente tenemos que tener la suficiente paciencia y disposición para solucionarlo. Más si se trata de algo o alguien que quieres de manera única y especial.
Estamos en este plano terrenal con una misión. Sea enseñar o que nos enseñen es parte de ello. Cuesta demasiado, si, pero no podemos dejar que las situaciones por las que pasamos nos absorban, a tal punto que solo logran que las cosas empeoren más y más. Cuando las cosas están peor no hay por qué hacerlas más difíciles aún (y vaya que me ha costado entender esto). Y ustedes, ¿qué actitud tienen en situaciones que no se esperaban?
¡Nos vemos luego! En un nuevo post.