(Penélope, ilustración original)
- Oye, hay algo que me gustaría saber – comentó Walt, rápidamente.
- ¿Qué? – respondió Penélope, entre risas.
- ¿Por qué es que no te había visto antes en el instituto? – preguntó Walt – no conozco a todos, o bueno, eso me gusta pensar, pero realmente me resulta difícil no acordarme de una cara, y más si he estudiado con las mismas caras desde bien pequeño – continuó explicando Walt – por lo que siento extraño el no recordar tu rostro.
- Pensaba que no te habías dado cuenta – explicó Penélope a los segundos – no era estudiante del instituto Central de Nova Villa, me transfirieron hace unos meses.
- ¡Ah! Pues claro – exclamó Walt –** ya veo. Ahora todo tiene más sentido – agregó entre risas – no sé por qué no se me había ocurrido antes.
- Tal vez no detallas tanto como pensabas – comentó Penélope sarcásticamente.
- Ouch – se quejó de dolor Walt – eso dolió – agregó entre risas – me lo dice una persona muy observadora por lo que puede deba hacerle caso – comentó finalmente.
- Exacto, “tienes mucho que aprender” **– explicó Penélope, entre risas, mientras imitaba la voz del alcalde Romita con una de sus poses.
- ¿Qué hay de ti, “joven Pekins”? – preguntó Penélope imitando ahora la manera de hablar de Hughes - ¿alguna vez fuiste transferido? – agregó finalmente con su voz normal.
- Bueno, la verdad es que toda mi vida he estudiado en el instituto Central, nunca he sido transferido – respondió Walt.
- Entiendo – comentó Penélope – a mí me resulta muy curioso pensar cómo se sentirá estudiar toda tu vida en un mismo instituto.
- ¿En serio? ¿Y eso? ¿Te has cambiado mucho de instituto? – preguntó Walt, curioso.
- Más o menos, sí – agregó Penélope – viajamos bastante por el trabajo de papá, y me he cambiado un total de 5 veces.
- ¿5 veces? ¡Wow! – exclamó Walt, sorprendido.
- Sí – respondió Penélope entre risas – hace unos años no vivíamos en Nova Villa, me mudé acá cuando tenía 12, y pasé toda mi niñez en Alba, es al Sur del País.
- ¿En serio? Los hermanos de mi padre viven en Alba – agregó Walt, sorprendido.
- ¡Qué cool! – exclamó Penélope – puede que hasta los haya visto. Es una ciudad pequeña – agregó entre risas.
- Puede ser – comentó Walt, riendo.
- Bueno, allá en Alba estudié en dos institutos. Desde maternal hasta 2do grado estudié en Corazón de León, el que hasta hoy ha sido mi instituto favorito – explicó Penélope, mientras tomaba una pausa recordando el lugar – y para 3ro hasta 6to grado estudié en el instituto Central del Alba, un muy buen colegio he de admitir, pero nunca superara a Corazón de León – agregó finalmente.
- ¿y luego te mudaste a Nova Villa? – preguntó curioso Walt.
- Síp, tras graduarme de 6to grado – explicó Penélope – mi papá consiguió un ascenso y le pidieron mudarse hasta Nova Villa por lo que empacamos nuestras cosas y nos lanzamos para acá.
- ¿y en que instituto estudiaste secundaria? – preguntó Walt, curioso.
- Bueno, estudié mi primer año de secundaria en Salto Ángel, pero me transfirieron por cuestiones de rutas, era muy lejos de donde vivíamos en ese entonces y llegaba siempre tarde – explicó Penélope entre risas – por lo que fui inscrita en Caminos Dorados, donde estudié mi segundo de secundaria.
- ¿Estudiaste en Salto Ángel y Caminos Dorados? ¡Qué locura! – comentó Walt, sorprendido. Sentía que parecía un niño reaccionando así por cada cosa que comentaba Penélope – ¿Sus exámenes son tan complicados como cuentan todos?
- Un poco, sí – agregó Penélope entre risas. Le causaba mucha gracia la expresividad de Walt – por lo general son exámenes largos y cansones, pero tampoco son el fin del mundo. Entiendo que para aquel que no se haya preparado lo suficiente le pueda parecer muy difícil – explicó – aunque bueno, el no entender las clases tampoco ayuda. Recuerdo que había un profesor que detestaba, porque explicaba muy mal todo – agregó finalmente riendo.
- Entiendo – comentó Walt, riendo. Le divertía mucho la manera en que Penélope contaba las cosas - ¿y te transfirieron finalmente al Instituto Central para estudiar tu 3er año?
- Síp – empezó a explicar la chica – Papá lo volvieron a promover, por lo que necesitábamos estar más cerca del centro de la ciudad para que se le hiciera más sencillo el poder llegar a tiempo. Tenía más responsabilidades y bla bla bla – agregó Penélope mientras hacía muecas – tenía que estar muy temprano en las oficinas y si nos quedábamos en la antigua casa tendría que salir aún más temprano, por lo que casi no dormiría – explicó mientras se acomodaba en el asiento – mis papás decidieron entonces que lo mejor era mudarnos para que papá pudiera estar a tiempo y no desvelarse demasiado.
- Por lo que te cambiaron de instituto otra vez, ¿no? – preguntó Walt.
- Exacto – agregó Penélope – al mudarnos era mi colegio el que quedaba lejos y el que daría problemas por lo que decidieron eso - dijo mientras aguardaba un momento - Y así fue como comencé a estudiar mi 3er año en el Instituto Central de Nova Villa – comentó finalmente posando como princesa, sonriendo.
- Muy buena explicación – comentó Walt, entre risas.
- Bueno, ahora a mí me encantaría preguntarte algo – comentó Penélope agudizando sus ojos - ¿puedo?
- Claro – dijo Walt, seguro.
- Está bien. A ver, que quiero saber de Walt Pekins – se preguntó Penélope en voz alto mientras colocaba cara de pensativa – ¡Ajá, ya sé! ¿Ya terminaste tu trabajo de la historia de Nova Villa?
- ¿El trabajo de “Nova Villa, historia y fundación” para la clase de historia? – preguntó Walt, perdido.
- Síp – respondió Penélope al instante.
- Sí, lo terminé hace un par de días. Mañana se entrega así que quise tenerlo listo a tiempo – explicó Walt, sereno.
- ¿Y te diste cuenta que omitieron por completo todo acerca de la planta nuclear abandonada, las cuevas y las catacumbas bajo la ciudad? – preguntó Penélope interrogándolo a la cara.
- ¿D-de qué estás hablando? – tartamudeó Walt, intentando disimular.
- Vamos, sabes a qué me refiero – insistió Penélope, fulminante.
- ¿Conoces acerca de los misterios? – preguntó Walt, serio. Quería verse cool, en todo momento.
- Sí, mis papás me contaron al llegar a acá. Me dijeron que Nova Villa es una ciudad muy particular, y que desde hace muchos años se cuentan historias acerca de cosas misteriosas que han sucedido aquí - explicó Penélope.
- ¿Por qué supusiste que me daría cuenta de la omisión de información de los misterios en el trabajo? – preguntó Walt, serio. Iba a intentar seguir siendo cool a toda costa.
- Cuando nos conocimos en la biblioteca, tu mesa estaba repleta con libros de la fundación de Nova Villa y su historia – comenzó a explicar Penélope –, y la verdad, se me hizo muy raro que un alumno estuviera leyendo tantos libros sobre el tema además de los recomendados en clase por gusto y gana.
- Los estaba leyendo para el trabajo – agregó Walt, serio. El estilo por delante amigos.
- Walt, no vas a engañarme, sabes perfectamente que lo hacías por otra cosa. Toda la información necesaria para el trabajo se encontraba dentro de los libros recomendados – insistió Penélope, con soberbia – Toda la información estaba allí – agregó con firmeza – No era necesario buscar en otro lado.
- Bueno, bueno – agregó Walt a los segundos – sí, tienes razón, no era para el trabajo.
- ¿Ves? – preguntó Penélope, campante.
- Sí, sí – respondió Walt entre risas – ¿y sabes que se me hizo raro a mí?
- Adelante – respondió Penélope segura.
- Que tuvieras en tus manos una edición de “Cuentos de Biler, el Biler”, una historia escrita, curiosamente, por Susana Den. La esposa de uno de los fundadores de Nova Villa - explicó rápidamente Walt.
- ¿En serio? – preguntó Penélope con ironía, mientras actuaba sorprendida.
- Sí – afirmó Walt, desafiante – ¿Qué respuestas encontraste en ese libro, Penélope?
- ¡Agh! Que molesto – se quejó el joven Romita, sentándose de golpe en el asiento del piloto.
- ¿Qué ocurre? – preguntó Walt, disimulando la situación.
- ¿Ya subiremos a la montaña? – agregó Penélope, alejándose de Walt.
- No – respondió Lucas, enojado – de la nada mi papá cree que lo mejor es que no subamos, ya que la cima de la montaña puede ser muy peligrosa para unos chicos de nuestra edad… ¡Chicos de nuestra edad! ¿Qué le pasa? ¡¡No tenemos 9 años!!
- ¿En serio te dijo eso? – preguntó Walt.
- ¡¡Sí!! No entiendo que le pasa, ¿qué le habrán dicho los idiotas de los policías? ¡Tenía un trato conmigo! – explicó Lucas, frustrado.
- Bueno, no necesariamente tuvo que ser idea de los policías – agregó Penélope – puede que tu papá solo se haya replanteado la situación y tenga miedo de que nos caigamos y nos lastimemos – continuó explicando – o algo peor.
- Lo dudo – fulminó Lucas.
- ¡¡Es tan injusto!! ¡Nos deja venir hasta acá para luego salirnos con todo eso! ¡¡Agh!! – continuó quejándose Lucas.
- Bueno, podemos venir otro día – dijo Walt intentando calmarlo – intentemos comprenderlo, somos su responsabilidad.
- ¡¡Es que no es eso Walt!! – gritó Lucas – ¡Siempre ha sido así! ¡Promete cosas para callarme y luego no las cumple! ¡Cuando estamos solos lo hace todo el tiempo, y cuando está con sus compañeros de trabajo, pone sus estúpidas opiniones por sobre las mías! ¡¡No le importa no cumplir su promesa, solo quiere quedar bien en su trabajo!! ¿¡Acaso no lo recuerdas!?
- Yo, eh… – intentó responder Walt, tartamudeando.
- Agh, olvídalo – fulminó Lucas, recostándose del asiento.
- Bueno, tranquilo Lucas, de verdad. Solo, intentemos venir otro día – dijo finalmente Penélope, intentando calmar a su amigo.
- No creo que sea necesario – agregó Walt, serio.
- ¿Qué? ¿Por qué? – preguntó Penélope, perdida.
- Si tanto quieren subir a la cima, hagámoslo – explicó Walt.
- ¿A qué te refieres? – preguntó Penélope, intrigada.
- Me refiero a que salgamos de la camioneta y subamos sin que nos vean a la cima para ver la planta – explicó directo Walt. El chico estaba decidido a conocer la planta de cerca, por lo que a pesar de preocuparle un poco la posible reacción del señor Romita, comentó aquella idea sin titubear.
- ¿Y cómo sugieres que hagamos eso? – preguntó Lucas, serio.
- Sugiero que nos escabullamos lo más rápido posible por esta puerta – empezó a explicar Walt, señalando a la puerta de Penélope.
- Todos están del otro lado, y es muy posible que, si lo hacemos en silencio y con rapidez – continuó diciendo en voz baja el joven Pekins – no nos vean huir por allí. También noté que hay unas rocas muy grandes colina arriba que pueden servirnos como pared para ocultarnos – finalizó Walt – por lo que, no sé qué piensan pero, yo lo veo posible.
- Si no quieren hacerlo, está bien, es una idea loca – agregó a los segundos Walt, quien empezaba a sentirse incómodo tras el largo silencio tenso que había inundado la camioneta.
- ¡No, no! – agregó Lucas rápidamente.
- Hagámoslo – agregó finalmente el joven Romita.
- ¿¡Estás seguro!? – preguntó Walt, aterrado. Todo el estilo y valentía que había demostrado tener hacía unos segundos proponiendo el plan, se le habían esfumado tras notar la decisión de Lucas.
- ¡Estamos hablando de escaparnos Lucas! ¿estás seguro? – preguntó Penélope en voz baja, ansiosa.
- S-sí – respondió Lucas tembloroso – no los traje hasta acá para nada.
- Claro que, solo lo haré si ustedes quieren – agregó a los segundo Lucas, ansioso – ¿Qué dicen?
- ¿Nos meteremos en muchos problemas con tu papá? No quiero que piense que somos unos delincuentes o algo así – explicó Penélope, aterrada.
- Eso es cierto, es la primera vez en años que nos vemos Lucas, ¿qué pensará él? – preguntó Walt, aterrado.
- Yo… ¡Yo que sé! – respondió Lucas, nervioso – no creo que piense algo malo de ustedes, y si lo hiciera, me echaría toda la culpa yo mismo. No dejaré que crea que son unos delincuentes – agregó Lucas, entre risas nerviosas – además, me creerá si digo que fue mi idea – dijo finalmente dirigiéndose hacia Walt.
- Entonces… – agregó Walt – ¿Vamos?
- Solo espero que nuestros padres no nos maten cuando se enteren – pensó en voz alto Walt.
- Lo siento papás… ¡Tenía que hacerlo! – agregó Penélope aterrada.
- Bueno – agregó Lucas a los segundos – debemos hacerlo rápido y con mucho cuidado para que Hughes no nos vea o nos escuche y vaya corriendo a decírselo a papá – comentó Lucas en voz baja – pero aparte de ello, creo que no tendríamos más problemas.
- Bueno – dijo Lucas tras unos largos segundos de silencio – entonces, hagámoslo.