Hoy salimos a almorzar para respirar un poco del encierro que vivimos día a día en nuestras localidades y decidimos ir a la frontera entre las provincias de Málaga y Granada, ese es nuestro límite pandémico y allí hay un pueblecito conocido a nivel mundial por sus piscifactorías de la trucha y el tratamiento del esturión para no sólo su consumo sino para el comercio del caviar de Riofrío, exquisito y a una decima parte del precio del famoso caviar ruso.
El restaurante en cuestión tiene las especialidades de la trucha y el esturión como principal reclamo y en toda su variedad de preparación, en el caso del esturión les comento que hay hasta croquetas de este pescado, nosotros probamos unas de jamón pero siguiendo la línea de la textura y sabor puedo decir que todas son exquisitas.
En mi caso seguí el consejo del mesonero que me recomendó trucha al horno con camarones y almejas bañada en una suave salsa de tomate y con una fina guarnición de patatas pochadas o a lo pobre que es como le llaman aquí a este estilo, deliciosa y limpia de espinas los lomos de trucha.
Mi acompañante se decantó por una elaboración casera de un tipo de flamenquín compuesto por un filete de cerdo relleno de queso y jamón ibérico rebozado con pan rallado y frito, el lomo asado tierno y en su propio jugo y acompañado de esas patatas tan características.
Para el postre decidí por uno de fabricación casera, acostumbrada al típico brownie en esta ocasión probé un delicioso arroz con leche y canela que lo acompañé con una copita de crema de Whisky.
El entorno es ideal y cuidado hasta el más mínimo detalle con trazos muy medievales y naturales donde el cauce de su río baña cada rincón desviando parte a las piscifactorías del pueblo, en breve mostraré preciosas imágenes del lugar.
Besos @chila