Un frío resbaló por mi columna al ver que ella estaba tan cerca de mi hijo, mi instinto me indicaba que mantuviera la calma y me quedara quieta, pero mi angustia de madre me hizo volar salvando la distancia y saltar mil y una vez sobre ella, al mismo tiempo de pensar todo el daño que le podía hacer a la luz de mis ojos.
Y, a pesar de verla inmóvil y de APLASTAR hasta su último suspiro, aun asi segui saltando sobre ella.
Mi hijo me miraba, con tristeza en sus ojitos, solo me decía: Mami Pará!!!, es mi juguete de araña.
Solo en ese momento y después de ver los restos de goma esparcidos es donde logró recuperar mi aliento y empezar a pensar cómo le explico a mi hijo los ataques de locura de su madre.