Placeres Cotidianos: El Café...

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Mi primer recuerdo consiente del café se remonta a mis vacaciones cuando niña en casa de mi abuela paterna en Tovar, Edo. Mérida. Mi abuela vivía en una humilde casa, larga y acogedora, el comedor era sencillo con una mesa de madera cubierta por una mantel de plástico, allí desayunábamos bien temprano, no recuerdo la comida pero si el café negro que nos servía a todo el batallón femenino de primas que coincidíamos en su cocina en época de vacaciones. Mi paladar infantil rechazaba el café negro por amargo y desagradable, recuerdo como le pasaba a una de mis primas mayores, a escondida, la taza de plástico color naranja identificada con mi nombre y que debía cuidar y mantener limpia como “una niña responsable”, qué hacía ella con ese café, hasta ahora me lo pegunto.
En toda mi adolescencia vi el ritual del café de las cuatro de la tarde que se hacía en casa, como un homenaje, un culto al Sol Maracucho, una súplica para que apaciguara su fuerza y dejara entrar una tarde fresca; era un hermoso ritual pero nada que mi paladar se acostumbraba al sabor del café. En 1984 el café tomó una dimensión musical cuando Guaco impuso “Un cigarrito y una café” y ni mi paladar ni mis pies se armonizaban con el oscuro líquido.
Fui haciéndome adulta rechazando las muchas tazas de café que cordialmente y como un acto de amor y amistad muchos me ofrecieron, hasta que a principios de siglo, por allá en el 2001, entré a trabajar en un Geriátrico; allí a las cuatro de la tarde, pacientes, familiares, obreros, empleados y médicos se congregaban en la sala de visitas, se daban unos minutos para convertirse en una especie de cofradía que al ritmo del olor y el sabor del café se acompañaban y le quitaban la embestidura de enfermedad, vejez y olvido al ambiente. Mi antipatía por el café me dejaba excluida, siempre al margen. Un día me dirigí a la Sra. Santa, la cocinera de la Clínica, una Dominicana de lengua caliente, de esas que es difícil mantener en silencio, y le dije: Sírvame un café a mí también. Ese día, era el día en el que ya estaba preparada para iniciar este romance con el café que sólo el momento histórico que está viviendo mi país ha logrado entorpecer.

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