Ando a la deriva
pensando lo que no puede ser pensado,
y por la eterna orilla siento en mi piel
la ausencia de otros pies
que por ella no han pasado.
Divino horizonte
que iluminas mis pecados,
descanso mi alma en tu noche
donde bajo tu estela,
mi sueño es perdonado
para el día siguiente volver a pecar
en cualquier lugar,
seguir sólo en mi caminar...
desnudo y descalzo.
Poema propio.
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