Aceptó el dolor sin rencor,
las arrugas de la angustia
en su piel apretó,
y quedó solo en su interior
la esperanza de una paz
que quizás en su mirada
todavía no encontró.
Lo vi pasar por mi interior,
me miró a los ojos y sin hablar,
su vida para siempre en mí quedó.
Poema propio.
Fuente de la imagen:
Antonia M° Rizos.