Verdes hojas bailarinas
de los árboles descolgaban
brillando mis ojos entre ellas
sin dejar de mirarlas hasta que en el suelo dulcemente descansaban.
La esperanza llegó a mi corazón cómo aroma de flor que vivió siempre hibernada.
El destino me hizo soñar,
caminar junto a él,
y de la mano
pasear por el sendero de la paz
hacia un infinito donde nuestro amor y su eternidad descansa.
Poema propio.
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