Contemplo mis manos sucias y agrietadas
como las aceras de mi ciudad,
poseo en ellas restos de pelo canino,
el único amigo que supo llenar ese vacío que surge de la soledad,
siendo un compañero que me supo escuchar,
hasta el día en que su corazón no latió más.
Observo en mis manos huellas humanas,
de caricias remotas que fueron fugaces,
residuos de lápiz labial,
sobras de un amor exiguo,
y migajas de recuerdos,
que albergan noches en camas desconocidas,
besando los labios equivocados.
Tengo pedazos de sueños anclados
en las articulaciones de mis dedos,
deteriorando el plano dérmico y óseo,
evitando que golpee el miedo sin piedad,
acabando con mi fuerza de voluntad.
No pude sostener mis sueños,
se me han escapado de las manos,
no soy tan valiente para alcanzarlos,
ni ellos tan cobardes como para quedarse conmigo.
Aunque ya no perciba el tacto,
como si no hubiese existido en mí este sentido,
aunque mis tendones estén malogrados,
disculpe usted, ¿Desea tomar mi mano?